La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Asunción es la aldea de los galos contra el turismo invasor
CUANDO las puertas de la gloria están a punto de abrirse, cuando se pregonan los grandes fastos que han de discurrir en el primer templo de Tauro, un hecho de indudable calado va a producirse así que esté el sol en todo lo alto el día de la Encarnación. Mañana se le da un basamento de apoyo importantísimo a la Fiesta Nacional y se lo da de primera mano el Rey, ese personaje que hizo posible el que ahora haya algunos que le cuestionen. El Rey viene mañana a Sevilla para hacer el paseíllo en ese templo a punto de abrirse y con el que va a respaldar algo tan de nuestro acervo cultural como es el toreo. Hollará el amarillo albero para la entrega de premios a los toreros y a los universitarios más destacados del curso anterior justo cuando uno nuevo se abre y cuando desde rincones todavía españoles se hostiga a la corrida, el Rey se dispone a hacer el paseíllo en la Maestranza para lo que gusten mandar.
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