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La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El pasteleo andaluz

Nos toman por tontos. Ahora, de pronto, hay orden de no tocar a la mujer del socialista Espadas. Huy, huy, huy

Elías Bendodo, en la rueda de prensa tras el Consejo de Gobierno

Elías Bendodo, en la rueda de prensa tras el Consejo de Gobierno / José Manuel Vidal · Efe

Los andaluces tenemos cara de tontos. No nos hemos levantado todavía a pedir no ya tierra ni libertad, sino un simple café con leche, pero que sea desnata, sin lactosa, con suplemento de calcio y de ganadería ecológica. Nos lo tragamos todo porque estamos bajo los efectos de alguna torta. No tiene otra explicación después de oír el discurso de mi dilecto Elías Bendodo sobre la mujer de Juan Espadas. Don Elías manda que sus secuaces levanten el pie. Todos quietos, bueno o casi todos para que no se note mucho. Qué cosas hace este Bendodo, al que los socialistas siempre llaman cuando se trata de pedir favores... que serán devueltos. Resulta que usamos el Parlamento de Andalucía para llevar a Carmen Ibanco por ser una de las 1.500 personas contratadas en una fundación, la sometemos a un interrogatorio que alcanza eco nacional en las televisiones, por supuesto en las redes sociales y en las tabernas. Pero veinticuatro horas después, don Elías dice que se ha acabado la mistela y que todo el mundo para casa. ¿Entonces para qué hemos usado una institución como el Parlamento, criatura mía? ¿Acaso era sólo para dar un susto y ganar algunos titulares de efecto efímero? No se entiende nada. O sí, que diría Rajoy.

Esta historia me suena. Ay, que me suena. Vamos a llevarnos bien en Sevilla para llevarnos bien... en Málaga. Hagamos un favor "para que nos deban uno". ¿No era así como se decía? Qué derroche de comprensión, de humanidad y de bonhomía ha exhibido de pronto mi Elías. Lean lo que dijo tras usar el Parlamento para poner en evidencia a la esposa del líder socialista: "Hay situaciones que hay que evitar porque generan crispación". Esa frase merece una caricia al gato en algún despacho de San Telmo con la luz baja (que está muy cara). Y hay más: "Hay situaciones que son incómodas y que se tienen que evitar, no hay que llegar a estos extremos de crispación política". Vaya, vaya, el gato tiene una cara de estar alcanzando el Nirvana con tantos achuchones. De pronto la política se ha vuelto amable, meliflua, almibarada, humana y marcada por la donosura. ¿Se les fue de las manos la comparecencia de la señora Ibanco? ¿Se les ha vuelto quizás en contra? ¿O quizás no nos interesa que el PSOE meta el colmillo en asuntos que estuvieron bajo la directa responsabilidad del hoy consejero de Presidencia? Todo eso o quizás solamente que los andaluces somos tomados por tontos. No usen el Parlamento para guerras que no son capaces de terminar. Si abren la baraja, agoten los naipes. Déjense de pasteleos. Trabajen más y no enreden. Recojan los pelos del gato, que suelta demasiados. Y abran las ventanas que hiede más que huele. Miau.

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