La ciudad y los días

Carlos Colón

El pinche y el altavoz

EN su discurso La gloria y la perdición de la palabra, con el que José Jiménez Lozano agradeció en nombre de los galardonados el premio Bravo que le ha concedido la Conferencia Episcopal, el gran escritor comienza por recordarle precisamente a quien concede estos premios a la comunicación algo que, por desgracia, frecuentemente la Iglesia olvida: "Hay mensajes que no pueden ser transmitidos por todos los medios, o quizás no son sencillamente transmisibles por ningún medio de comunicación". Después se pregunta, como creador y como periodista: "¿Ha servido realmente el periodismo como vehículo de cultura? ¿Puede llegar la cultura por medio del periódico a las grandes masas, como soñaron los señores ilustrados, o es una desviación y una desvirtuación de esa cultura y en último término, una subcultura, lo único que el periódico puede hacer llegar a un lector? ¿Acaso la esencia misma de la comunicación periodística no es la de ser global, superficial, ligera, aproblemática, y, por lo tanto, muy distinta de la comunicación estrictamente cultural?". Como ilustración recurre a la ácida caricatura que ya en 1848 ideó el filósofo Kierkegaard para definir el periodismo: es como si el pinche de un barco se hiciera con el altavoz y dirigiera la navegación desde la cocina, impidiendo que se oyeran las órdenes que desde el puente de mando da el capitán a viva voz. La autoridad la daría así la posesión del altavoz, no la del conocimiento. "También el mundo de la cultura terminaría por ser comandado por quien la bocina tuviera -concluye Jiménez Lozano-. El único megáfono del barco, que está en manos del cocinero, no puede transmitir las órdenes del capitán, que son necesariamente algo complejo; por la sencilla razón de que las grandes cuestiones y problemas culturales no pueden ser dictados por megáfono, sino que precisan el libro (…) y la matización magisterial. De otro modo esas cuestiones quedan irremisiblemente convertidas en lemas, o máximas de calendario, en una especie de píldoras del pensar".

Es por ello necesario volver a las fuentes ilustradas para recuperar esa "madurez intelectual, que era lo que buscaba producir el periódico en su nacimiento ilustrado". Lo que "significa seguramente seriedad y cierta profundidad… Una cierta ascesis de la inteligencia y de la sensibilidad, matiz, discusión, duda, y lo contrario de la simplificación". Es de temer que sus palabras, dignas de un puente de mando intelectual y ético, carezcan de megáfonos mediáticos; por eso les presto el mío y les recomiendo que lean el discurso completo en www.conferenciaepiscopal.es.

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