hoja de ruta

Ignacio Martínez

A puerta cerrada

LA España oficial reunida a puerta cerrada. La crisis devorando las economías domésticas y las arcas públicas, alterando la armonía constitucional, y el jefe del Gobierno de la nación y los de las 17 comunidades autonómicas se reúnen sin luz ni taquígrafos. Es verdad que si lo hacen en una sesión extraordinaria del Senado, como si esta Cámara inútil tuviese alguna función, habría salido a relucir nuestra castiza afición a la retórica, pero la primera decepción de este cronista fue que la televisión no ofrecía ayer más que la foto de familia y el saludo protocolario del anfitrión.

No hay que mortificarse en exceso. Esa afición por la retórica no es exclusiva de los españoles, ni siquiera es un mal latino, es un defecto que compartimos con el resto de los europeos en general, con excepción de los anglosajones. Por eso Obama lleva cuatro años evitando las cumbres con sus colegas de este lado del Atlántico, a los que encanta hablar y hablar sin decidir y cuando acuerdan algo le dan largas a la aplicación durante semestres.

En 1993 los daneses tuvieron a bien rechazar el Tratado de Maastricht en referéndum, por tres motivos esenciales. Les daba miedo el centralismo de Bruselas, no querían entrar en la moneda única y detestaban la idea de una identidad europea de defensa. Esto último, en particular, era consecuencia de la memoria histórica local: los tanques alemanes circulando por las principales avenidas de Copenhague durante la ocupación en la Segunda Guerra Mundial. Así que el danés quería que Europa siguiera siendo un protectorado militar norteamericano, antes de volver a ver un tanque alemán por sus calles, por muy amigo que fuese.

Entre los retoques que se hicieron al Tratado se incluyó que DK se quedara fuera del euro, la OTAN volvió a ser el eje de la defensa europea y se hicieron algunos gestos de transparencia en las instituciones. Uno de los más llamativos fue que los consejos de ministros de la UE fueran de puertas abiertas. Una pantomima. Había una primera hora emitida por televisión, con discursos retóricos, y después los ministros se decían sus cosas en familia a puerta cerrada. Lo único que sacamos en claro de aquellas sesiones, que se terminaron pronto, es que los daneses fuman como carreteros, en contra del tópico. Le cogió una retransmisión al representante permanente danés al lado de una cámara, y estuvimos viendo humo todo el consejo televisado.

Ayer, cuando al término de la reunión apareció Rajoy el micro estaba mal ecualizado y su voz sonaba metálica, como retransmitida desde otro mundo. Los políticos en su mundo, se comprometen a cumplir el déficit, pero no dicen cómo. Y a la urgente reforma la administraciones públicas se le da una patada a seguir con un grupo de trabajo. Todo muy europeo, a puerta cerrada.

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