La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La renovación de los taberneros

Robles se anticipa e inaugura el servicio que lleva la carta de sus productos a los hogares. Sobreviven los que se renuevan

La infanta Elena en una visita a Sevilla. La infanta Elena en una visita a Sevilla.

La infanta Elena en una visita a Sevilla.

En época de crisis hay dos opciones: lamentarse y especular con la fecha de terminación del ciclo adverso, o apostar por una renovación que amplíe la oferta y que siempre pasa por trabajar más para conseguir lo mismo en el mejor de los casos. Esta segunda vía resulta más que obligada en el caso de la hostelería, que jamás ha sufrido una crisis tan devastadora para sus intereses como la actual. Hay que tener claro que ya nada será igual. La rentabilidad de las acciones del pasado no está ni mucho menos garantizada en el futuro. Por eso llama la atención positivamente que una de las principales firmas hosteleras de la ciudad, el grupo Robles, estrene ya en diciembre un servicio de restauración para los hogares.

De servir a los Reyes en el negocio matriz de Álvarez Quintero o en los salones del Alcázar, a llevarle a usted un menú especial de Navidad de 25 euros con su rosco de postre. Si quiere encargar un picoteo o una cena romántica, también se lo llevan. A Robles le falta ofrecer hasta sus veladores para el salón de su casa. ¿Para qué esperar a que la Junta de Andalucía dictamine cómo será la Navidad, o para qué aguardar a que el alcalde encienda las lucecitas si es que se atreve a hacerlo? Mejor anticiparse. Los grandes siempre lo hacen. Por eso lo son. Cuando uno ve a don Juan Robles con más de 80 años levantando mesas, sacudiendo manteles, retirando los platillos con las propinas o recibiendo a nuevos clientes, siempre le digo a mis niños: "Esa es la actitud en la vida. Hay que ser siempre como don Juan".

Hay más ejemplos. La firma Becerrita envió el pasado junio un cuestionario para conocer la opinión de sus clientes sobre cómo debía ser el negocio del futuro, consciente ya su dueño, Jesús, de que esta crisis no sólo va para largo, sino que supondrá una modificación importante en la forma de relacionarnos y de vivir la calle. Están muy bien y son muy legítimas las manifestaciones con pancartas, las reivindicaciones en los despachos, las intervenciones públicas de los representantes sindicales, pero al final todo se reduce en el mejor de los casos a trabajar más y con nuevas fórmulas. Esperar a que la Administración te lance un flotador es abonarse al fracaso, sobre todo en un tipo de negocio donde el cliente va a relajarse o a cerrar tratos y no quiere saber de cuitas ajenas ni de incomodidades. Ya lo decía el padre de los Becerra: "No le pongas problemas a quien viene a gastarse mil duros". Toca la renovación. Como hizo la radio cuando apareció la televisión, o el tren cuando salió el avión. Sobreviven los más fuertes. Y los más rápidos.

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