HAY quien afirma ya, categóricamente, como hay que afirmar estas cosas para que te crean, que las elecciones generales ya tienen fecha. El 27 de noviembre. Y eso porque, aducen, se está imponiendo la tesis dentro de la cúpula del PSOE -a excepción de Zapatero- de que, cuanto más tiempo pase, peor, y que las angustias en que nos meten cada semana el comportamiento bamboleante de los mercados internacionales y los disgustos de las agencias de calificación no van a permitir que haya un clima propicio para la tranquilidad, y menos para el optimismo, que recomienden continuar así hasta marzo.

Pero, a pesar de esas categóricas afirmaciones, a uno le consta que, también dentro de la cúpula del PSOE, se está barajando otro escenario, que consiste fundamentalmente, en aguantar hasta marzo, y eso en función de varios factores. Primero, que a Rubalcaba le vienen bien unos meses más de proyección como candidato, alejado de las primeras responsabilidades del actual Gobierno. Segundo, que tienen la esperanza de que los índices de desempleo, aunque poco, vayan mejorando en este periodo. Tercero, que creen que la victoria del PP en las municipales y autonómicas ha sido excesiva, lo que podría influir algo en la recuperación de parte del voto socialista, por lo que les convendría aguantar unos meses más y, además, que en este tiempo -aventuran como hipótesis- la gente se iría dando cuenta de que los gobernantes del PP, ya en ejercicio, no son la solución. Y, por último, confían en que puedan producirse algunas noticias positivas en el tema del terrorismo, aunque parece ser que ése es un problema que cada día agobia menos.

Dicho todo esto, lo que uno piensa es que ni Zapatero, ni Rubalcaba saben cuándo se van a celebrar las generales. Es decir, que no lo tienen decidido y lo harán en función de lo que pase fuera y dentro de España, y de los sondeos y consultas sociológicas con los que se desayunan todos los días.

Por supuesto, también está Andalucía, porque otro de los temas en cuestión es decidir si, en caso de adelanto electoral, les interesa, o no, que las elecciones sean conjuntas. Claro que está por ver si los intereses del PSOE nacional coinciden con los del PSOE andaluz, porque si son los mismos -uno piensa que no lo son- no hay problemas, pero si son contrarios, a ver quién se lleva el gato al agua. Porque lo que piensan en Andalucía es que no tienen por qué adelantar elecciones, e, incluso más, que una victoria más del PP, esta vez a nivel nacional, podría llevar a su renuente electorado el mensaje de que ya los han castigado bastante. Por supuesto, que los mismos resultados podrían llevar a la desmoralización total. O sea, que no lo saben.

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