La ciudad y los días

Carlos Colón

La santidad aquí y ahora

EL 31 de octubre de 1998 falleció, con fama de santidad, la Madre María de la Purísima, Madre General de las Hermanas de la Cruz desde 1977. El 2 de noviembre, presidido por don Carlos Amigo Vallejo y concelebrado por 49 sacerdotes que se presentaron espontáneamente en la Casa Madre, se celebró su funeral. Los sevillanos llenaron toda la Casa hasta abarrotar la calle Sor Ángela de la Cruz. Fue enterrada en la cripta, en la tumba que durante 50 años ocupó el cuerpo de Santa Ángela.

El 20 de febrero de 2004 se abrió en la parroquia del Sagrario el proceso diocesano sobre la vida, virtudes y fama de santidad de Madre María de la Purísima. Como si quisiera estar tan cerca de ese acto como cada día lo está de las Hermanas de la Cruz, la casualidad hizo que la Virgen de Amargura, que fue la primera en pararse ante el convento de las Hermanas de la Cruz y en sus salidas procesionales lleva en la saya el rosario de Madre María de la Purísima, se encontraba ese día, por así decir, al otro lado de la pared del Sagrario porque se hallaba en la Catedral con motivo de las celebraciones del cincuenta aniversario de su coronación canónica.

El 17 de enero de 2009, mientras se celebraba en la Catedral el recibimiento de don José Asenjo Peregrina como obispo coadjutor de Sevilla, llegó a la Casa Madre la noticia del reconocimiento por parte de la Congregación de la Causa de los Santos de las Virtudes Heroicas de Madre María de la Purísima.

El 2 de julio de 2009 los médicos que asesoran a la Congregación para las Causas de los Santos, tras un riguroso estudio del caso, manifestaron que la curación de la niña Ana María Rodríguez Casado, encomendada a Madre María de la Purísima, era científicamente inexplicable.

El 27 de marzo de 2010 Benedicto XVI firmó el Decreto del Milagro. Dos días más tarde el Arzobispado de Sevilla lo hacía público, fijando la ceremonia de Beatificación para el próximo 18 de septiembre.

Será un día grande para Sevilla el de la beatificación de esta mujer buena, inteligente y voluntariosa que escribió una frase de utilidad universal -"la vida es demasiado corta para empequeñecerla"- y trajo la santidad, que tantas veces parece cosa de tiempos o lugares remotos, al presente y a Sevilla; demostrando que es posible aquí y ahora. "Tuvimos la dicha de conocer su sonrisa, su silencio, su bondad, su dulzura, su amor a Cristo y a la Virgen", dijo el cardenal Amigo Vallejo. Aunque el más hermoso elogio de la futura Beata lo ha hecho la hermana María Sofía, actual Vicaria General: "Si se perdieran las reglas sólo con verla actuar se podían escribir de nuevo".

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