Sueños esféricos

juan Antonio / solís

la seductora tiranía catódica

LAS transmisiones televisivas de las grandes citas del deporte son hoy una gozada. Lo vimos en el Mundial de natación, con esos saltos en los que la cámara acompaña la caída del nadador y se sumerge en la piscina al tiempo. O esa cámara subjetiva del Ferrari de Alonso, que nos plasma esa sensación que tanto nos cautiva, la de velocidad extrema. O esa cámara superlenta, que nos revela otros perfiles del esfuerzo que el ojo humano no ve en directo: lo comprobamos en la madrugada de ayer con Nadal y Djokovic bailando sobre la pista de Montreal como Fred Astaire bailaba con Ginger Rogers... o con un perchero. Y lo volvimos a ver horas después con Usain Bolt bajo la lluvia moscovita, con el viento en contra, para hacer ¡9,77!

Con el fútbol pasa un tanto de lo mismo. Los partidos en HD, vistos desde el salón en una pantalla de 40 pulgadas o más, son un deleite. Las televisiones han hecho muchísimo para que el aficionado disfrute en mayor medida de las aventuras y desventuras de los deportistas. Y el deporte, a su vez, garantiza a las televisiones más dinero. A diferencia de otros platos del menú televisivo que acusan el tsunami de internet (los informativos, por ejemplo), la publicidad sí que sigue acudiendo al reclamo del deporte porque las audiencias responden.

Bajo este orden establecido, el fútbol español gira en torno a las plataformas televisivas. Ellas proponen y disponen. Y la LFP asiente. Ambas ignoran que hay un compromiso moral con la sangre que hace que el fútbol respire, la afición. Y el argumento de que las cadenas ponen la pasta para que Messi y Cristiano no se vayan no debe dar carta blanca para que los diseñadores de las parrillas televisivas usen al hincha como rata de laboratorio. El próximo domingo, un sevillista de Alanís se lo pensará para ir a su estadio a las 23:00. También se lo pensará uno bético una semana después. Dicen que la hora es por el calor. Pero como mejoren las audiencias, busquen una buena pelliza para el invierno...

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