Vía Augusta

No es sólo política

Cada vez son más las voces que alertan de la necesidad de mejorar la gestión de los fondos 'Next Generation EU'

Frente a la propaganda siempre queda el recurso de la realidad, de los datos. El Gobierno presume mucho de su gestión respecto a los fondos extraordinarios para la recuperación que la Unión Europea ha asignado a España para lograr una vigorosa recuperación económica tras el shock pandémico provocado por el Covid-19. Sobre todo por ser el primer Estado de la Unión que recibe una partida cuantiosa de esa financiación, pues están autorizados unos 10.000 millones de los 140.000 millones que corresponden al país.

Pero la gestión de los fondos Next Generation EU está en entredicho. Y no sólo por los partidos políticos de la oposición, que, por supuesto, también.

Cada vez son más las voces que alertan de que España puede perder una oportunidad que no tiene parangón. Y eso que es uno de los países que mejor ha sabido aprovechar el dinero europeo para transformarse en los 35 años transcurridos desde su ingreso en 1986.

El runrún que llevamos meses escuchando en los actos a los que asisten los empresarios (falta de claridad y concreción en el reparto y en su aplicación) ha dado paso a voces de alerta en público, sin ningún tapujo.

Sólo ayer -pero ocurre casi a diario- la consejera delegada de Bankinter puso el énfasis en que se necesita más celeridad en el reparto e implementación de esos fondos para acelerar la recuperación económica, que está perdiendo fuelle.

Igual pasó en la presentación del informe Situación España que elabora BBVA Research, el servicio de estudios del banco, se enfatizó que "la variable más importante" para la reactivación económica son esos fondos europeos, y acentuó la necesidad de ejecutarlos, alertando que, según los datos del banco, en 2021 apenas llegaron unos 3.000 millones de euros a la economía real de los más de 20.000 millones programados, con lo que vamos con retraso.

No es la única sombra. Porque la política también está legitimada para alertar de que se puede estar haciendo un reparto sectario -primando a los afines- y escasamente estratégico. Cuanto más fragmentada sea la financiación, menos transformadora será su implementación. Al margen de que se corre el riesgo de hacerlo en caprichos de alcalde. El nefasto recuerdo del Plan E de la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero está aún fresco.

Así, que menos grandilocuencia contra el opositor -un PP que le lleva ventaja en todas las encuestas, salvo la del CIS-, y más responsabilidad y tino al gobernar es lo que necesitamos. Nos jugamos el futuro.

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