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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

La última emperatriz

JUNTO a Villa Alegría, la casa que diseñó Blas Infante entre La Puebla del Río y Coria, donde llegó de notario desde Isla Cristina, la misma casa a la que en el verano del 36 fueron a buscarlo para que nunca volviera, hay una estatua monumental de un rey. Por las afinidades y el ideario del notario malagueño, desde lejos uno podría pensar en Argantonio o en Almutamid. Se trata de Alfonso X el Sabio, el hijo de Fernando III, el nieto de doña Berenguela. El otro día pasé con mi hija Carmen por esos dominios ribereños y le conté que ese rey que reina en la rotonda, investido con los honores de la sabiduría, experto en cantigas, cetrería y ajedrez, hijo del rey que reconquistó Sevilla, consta en los libros de Historia como fundador de Ciudad Real, la ciudad cada vez más irreal donde vine a nacer una ya lejana primavera.

El padre reconquistó Sevilla y el hijo fundó Ciudad Real. Precursores del tren de Alta Velocidad. El pasado 2 de agosto hizo veinte años de la invasión de Kuwait por las tropas de Sadam Hussein. Un político amigo vino de la playa para llevar al aeropuerto a una de sus hijas, nombrada responsable de marketing de la cadena Starbucks en Oriente Próximo, Rusia y Turquía con oficina central en Kuwait. Allí empezó todo. El 3 de agosto de 1990 vimos movimiento de tropas en la playa de Conil. Mi cuñada creía llegado el comienzo de la Tercera Guerra Mundial. Eran maniobras rutinarias de soldados que todavía hacían la mili. Pero no iba mal encaminada. Bush padre declaró la primera Guerra del Golfo. Con el paréntesis de Bill Clinton, Bush hijo, espoleado por la caída de las Torres Gemelas, inició la segunda Guerra del Golfo. Ni el padre era santo ni mucho menos sabio el hijo. Pero hay en ese país un marcado sentido dinástico de la política. No hubo emperador ni faraón que tuviera el privilegio de los presidentes Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln, cuyas cabezas, de 18 metros de altura, fueron esculpidas en el monte Rushmore, en Dakota del Norte, con un diseño del escultor danés Gutzopn Borglum. Cuatrocientos obreros trabajaron en una obra prometeica acabada en 1941. Benigno del Río considera tan presidencial montaña paradigma de esa transformación de la naturaleza en paisaje, intervención humana que desarrolló en un libro que fue premio Miguel de Unamuno de ensayo del Ayuntamiento de Bilbao.

Blas Infante nunca fue rey, pero tiene honores de tal: es el único nombre propio que figura en el Estatuto de Andalucía. Rey sin corona que tuvo un hijo camarero (murió emigrante en Holanda), un nieto periodista y un bisnieto futbolista. Metáforas de Pu Yi, jardinero, el último emperador que le dio el Oscar a Bertolucci. La última emperatriz pasa unos días en Marbella, dominios de Gunilla.

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