Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Una vez más, el bingo no fue posible

Sólo el Betis consiguió su objetivo, mientras que un mal Sevilla va a jugarse la vida el 13-D

No pudo ser, cal y arena una vez más, la maldición de los vasos comunicantes de toda la vida volvió a aliarse contra el fútbol según Sevilla. Tras resolver con solvencia el Betis su clasificación, el Sevilla se encasquilló en Lieja para ofrecer una imagen similar a la de Rusia y Turquía y dejar pasar la oportunidad de mirar al 13-D con la tranquilidad con que va a mirar el Betis su cita última de esta fase en el mollar campo luxemburgués.

La jornada empezó como a pedir de boca con un muy buen Betis ante un Olympiacos que rara vez vio por dónde iba el agua. Era otra disertación de cómo se puede uno adueñar del balón, pero el Betis adolece de falta de delanteros con picante, de ahí que el resultado, por enésima vez, no se correspondiera con los méritos acumulados. Un misil tierra-tierra de Canales tras haber desperdiciado su tocayo León un penalti fue lo que a la postre iba a decidir el pleito.

Tras el descanso se acentuó la superioridad de la tropa de Setién con actuación estelar de Canales y de Lo Celso y aquí si que falló más la puntería que la verticalidad. Ocasiones claras que ni Sanabria ni Tello materializaron hicieron que al final se llegase con los miocardios alborotados. Pero bien está lo que bien acaba con un futuro a corto plazo que dice que el viaje a Luxemburgo sólo tiene un objetivo, el de ganar para que a la primera plaza sólo opte la candidatura bética.

A renglón seguido, debacle sevillista en la fría noche belga. Sólo un pelotazo de Vázquez al larguero fue la credencial del Sevilla en un partido en que el empate valía su peso en oro. Pero el equipo de Machín se mostró errático y si perdió por sólo un gol fue por mera casualidad. Lo cierto es que sólo el Betis logró su objetivo de resolver la fase de grupos y que se anuncia un 13-D en el que la tila va a cotizar al alza por Nervión y toda su zona de influencia. Y es que el bingo no fue posible.

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