Crónica Personal

Esto no es vida

Si Moncloa pretendía marear a los españoles, además de confinarlos, lo ha conseguido. Lo ha conseguido bien

S I alguien esperaba que se aclararan las cosas tras el anuncio de Pedro Sánchez sobre el estado de alarma y el toque de queda, ya puede ir haciéndose a la idea de que la concreción de las medidas gubernamentales brilla por su ausencia.

Si a los más entendidos en la materia les cuesta entender cuándo pueden salir y a dónde, hasta cuándo dura el estado de alarma, si vale más lo que diga Sánchez que lo que diga su presidente regional, si necesita salvaconducto para cada una de las regiones que pueda cruzar en coche o sólo al salir de su comunidad autonómica y al llegar a la de destino… Si todo eso es difícil de comprender por mucho que se lean los decretos o se escuchen detenidamente los largos exordios de Pedro Sánchez, qué será de los millones de españoles que no siguen día a día las noticias; o, si las siguen, las entienden solo regular.

Si Moncloa pretendía marear a los españoles, además de confinarlos, lo ha conseguido. Lo ha conseguido bien. Lo único claro es que el Gobierno ha decidido estado de alarma hasta el 9 de mayo y toque de queda varias horas de la noche y madrugada. Cuántas, dependerá de los gobiernos regionales. Y si a un ciudadano le para un municipal, o un guardia civil, sólo cabe decirle que no tiene ni idea de qué puede hacer y qué no puede hacer. Seguramente, el municipal y el guardia civil le creerá porque es posible que les ocurra lo mismo.

Este Gobierno no ha sabido gestionar nada, y mejor no volver a recordar la lista de barbaridades cometidas, el dinero tirado a la basura y la falta de material de urgencia que no se supo provisionar. Y ahora decide quitarse de encima responsabilidades y que decidan los presidentes autonómicos. Como se mantenga el estado de alarma hasta el 9 de mayo y en Navidad no se puedan abrir tiendas, restaurantes, bares, hoteles y discotecas, centros culturales y deportivos, España quedará asolada. Millones de personas sin trabajo, millones de familias sin medios de subsistencia, ciudades desiertas porque todo estará cerrado por falta de negocio.

Por no hablar de toda una generación perdida porque no conocerá más actividad educativa que las clases on line, que les impide socializar con compañeros, hacer amigos, compartir confidencias… vivir. La misma situación en la que se hallarán los que no tienen más salida que el teletrabajo, que los aislará de todo lo que de verdad importa, tanto en lo profesional como en lo personal. Los políticos seguirán a lo suyo: que si pactan o no pactan, se mantienen firmes o abandonan sus principios, traicionan a unos o se acercan a otros. Lo que ocurra con los españoles de a pie importa poco. Excepto cuando se acercan las elecciones.

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