Aunque un presidente muy campanudo proclamó que los asesinos etarras se pudrirían en las cárceles, lo cierto es que quienes se pudren son las víctimas y sus familiares, incluso en vida, mientras que aquéllos van obteniendo mayores concesiones para eludir sus padecimientos carcelarios. Como ya sucediera con De Juana Chaos y Bolinaga: impidiéndole al primero su derecho a eutanasiarse mediante una huelga de hambre en prisión y excarcelando al segundo por razones humanitarias, ya que nos dijeron que estaba en situación terminal, de modo que tuvo que ir muriéndose durante dos años de homenaje en homenaje por las herriko tabernas de su tierra.

Ahora de nuevo se han alegado humanitarias razones y similar situación para excarcelar al sanguinario etarra Troitiño, quien por cierto no cumplía con los requisitos legales para ello, pero sí que cuenta en su haber con 22 asesinatos. Y es que, según nos dicen, necesita además cuidados paliativos, cuidados de los que posiblemente carecerán muchos españoles inocentes a los que a cambio se les ofrece una ley para suicidarse o que les suiciden. Visto lo anterior, algún mal pensado consideraría que, entre las razones humanitarias para excarcelarle, ha pesado mucho la de contar con el respaldo de un partido político cuyos votos resultan decisivos para mantener al Gobierno y a sus gerifaltes. 

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