Octavio Hernández

Cuando el bosque da las gracias

Todo sacrificio en la vida trae consigo un progreso. Los datos obtenidos en las últimas semanas confirman que nuestros bosques gozan de un verdor y una salubridad que los acerca a lo que les es propio. Si el confinamiento ha sido una medida necesaria para preservar la salud humana, la naturaleza también se ha beneficiado de esta medida. Ésta es una de las pocas veces en que el hombre y la Tierra ganan juntos y en reciprocidad.

Ahora, dar un paseo entre la fronda es una experiencia doblemente gratificante: disfrutar de la vida al aire libre y recibir un aire más puro. Este hecho debería movernos a una reflexión. Cuidar los bosques es una tarea primordial porque los bienes para la vida humana son altísimos e innumerables. Los expertos nos confirman que el medio se ha recuperado de sus males y ha visto distanciadas sus permanentes amenazas.

¿Por qué no abordar esta mejoría natural en el mundo educativo con tal de sembrar una actitud responsable entre las futuras generaciones? ¿No ha sido ésta una lección para que desde ahora mismo nuestra consideración de la naturaleza sea infinitamente mejor? Siempre se ha dicho que los momentos difíciles sirven para crecer. Nuestros bosques lo han hecho; sigamos creciendo nosotros por esta senda de la conciencia y el respeto. 

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