Miguel Fernández-Palacios

A cada cosa, su nombre

¿Cómo adjetivarían a quien siendo Gobierno maquina para favorecer, o al menos no perjudicar, determinados intereses o empresas y, cuando abandona el poder, acaba en el consejo de administración de una compañía del sector que amparó? ¿Lo llamarían “puerta giratoria”?

La Real Academia de la Lengua la define como aquella “puerta compuesta de dos o cuatro hojas montadas sobre un eje común que giran entre dos costados cilíndricos”. No encaja con lo planteado, ¿verdad? ¿Y si nos dejamos de eufemismos y exploramos palabras más adecuadas? Entonces, ¿casaría mejor con el soborno?

Veamos, la misma RAE dice que sobornar es “dar dinero o regalos a alguien para conseguir algo de forma no permitida legal o moralmente”. Parece que esta definición cuadra perfectamente, ¿no?

Ahora me surge otra pregunta: ¿cuántos políticos sobornados tendrán cubierto el riñón y andarán por los consejos de administración de grandes empresas? Parafraseando al genuino y genial Manolo Summers en sus “preguntas al Lobo”: Uuuuu. 

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