Jacobo Saucedo

El derecho a ser engañado

Llegados a este punto hemos de rendirnos ante Pedro Sánchez, porque es un hombre completamente libre, que carece de frenos éticos y morales, muy superior a nosotros. Nuestro presidente hace en cada momento lo que cree que debe hacer para su supervivencia política. El bien y el mal, la verdad y la mentira no significan nada para él. Puesto que nuestra democracia ha decidido suicidarse, más valdría preguntarnos cómo es posible que tantos millones de personas quieran ser gobernadas por semejante fenómeno de la naturaleza.

No sería mal punto de partida dilucidar por qué las mil y una mentiras de Pedro Sánchez no le han pasado factura. Hay tanta mentira entre nosotros que el producto ha perdido su valor; se olvidan los embustes por los rincones y se evaporan al poco rato dejando un espacio que ni Sánchez, que miente con ansia, puede llenar. Nos encontramos ante un problema físico, no ético ni moral; nada tienen que decir aquí Kant o Constant.

¿Tiene un político derecho a mentir con fruición? Claro que sí, siempre que entre sus votantes haya espacio para una mentira más. Millones de personas quieren ser engañadas: pensionistas, obreros, pobres de corazón y de los otros, independentistas... Todos ellos y todos los demás pagaremos con euros un Gobierno formado por mentirosos y resentidos, sustentado por golpistas, ladrones y criminales. 

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