Antonio Melado

La juventud de los mayores

No sé quién dijo que la juventud es un estado de ánimo y creo que la frase, bastante acertada, nos sirve de consuelo a todos los que nos encontramos ya en el umbral de la eternidad. Los avances de la ciencia médica y de la gerontología están consiguiendo que la calidad de vida de nuestros mayores sea una realidad, y no hay más que ver cómo se desenvuelve en nuestro entorno esta generación nacida en la posguerra, que se ha hecho experta en el conocimiento de los paliativos necesarios para vivir alegremente una eterna juventud.

La lucidez intelectual de nuestra gente mayor es lo que nos asombra, cuando en sus cavilaciones recuerdan, como si se tratara de una película, infinidad de hechos y detalles de su niñez y adolescencia. Sus juegos infantiles en la plazuela de su barrio e incluso el nombre de aquellos chavales y chavalas que formaban parte de su pandilla. Recuerdo un día que apareció por el colegio donde se había educado un hombre ya rondando los 70 años y en el patio donde jugaba, cuando era niño, apoyado en una ventana, comenzó a llorar, recordando aquellos tiempos de su niñez.

Es cierto que no nos resignamos a perder la juventud. Luchamos con el tiempo para que no nos la arrebate, pues esa época maravillosa e ilusionante siempre la llevaremos dentro y es nuestra obligación mostrarla, con la experiencia que dan los años, a nuestros jóvenes de hoy. 

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