La Navidad es la época más bonita del año. Niños, jóvenes y adultos esperamos esta fiesta porque es época de reuniones, regalos, sorpresas, cenas, visitas a seres queridos... En fin, una época de regocijo, de paz, de amor y de esperanza.

Lo más importante para los cristianos es que cada 24 de diciembre recordamos un hecho que cambió la vida al mundo, el nacimiento de Jesús, pero este año hemos vivido de nuevo un hecho histórico, la pandemia, una visita de última hora que ha llamado a la puerta y para la cual no estábamos preparados.

No dejemos que se pierda nuestra esperanza, la que nos vino a regalar a manos llenas Jesús. Aprovechemos para practicar alguna de las obras de misericordia corporales o espirituales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, visitar a los enfermos, dar consejo a quien lo necesita, enseñar al que no sabe y, sobre todo, rogar a Dios por vivos y muertos. 

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