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Contracrónica | El otro partido Betis: una coctelera envenenada

  • La planificación, la defensa a balón parado, el poco físico, el once y la lectura de Rubi, la indignación arbitral... ingredientes en el bucle mediocre del cuadro verdiblanco

Los jugadores del Betis dialogan con Sánchez Martínez al final del primer tiempo. Los jugadores del Betis dialogan con Sánchez Martínez al final del primer tiempo.

Los jugadores del Betis dialogan con Sánchez Martínez al final del primer tiempo. / Antonio Pizarro (Sevilla)

Los encuentros del Betis se han convertido en un bucle jornada tras jornada. Como si de ver la misma película se tratara: errores en defensa, con dos goles a balón parado, un equipo verdiblanco que pegó un bajón físico enorme en la segunda parte, el problema de la planificación en la portería y el centro del campo, la indignación arbitral (entre los arbitrajes y la poca fuerza estamental que tiene este Betis), el once y la tardanza de Rubi en los cambios...

Ingredientes que mezclados en una coctelera tienen al equipo de Heliópolis decimotercero en la clasificación, después de una cita que congregó a 54.526 espectadores en el Benito Villamarín para presenciar una noche de reencuentros entre protagonistas, aunque uno brilló con una exhibición en la primera parte y una expulsión que enfureció al público bético por la forma en la que Sánchez Martínez le sacó dos rápidas amarillas, Nabil Fekir. El internacional galo sacó tres cartulinas amarillas al Barcelona en la primera mitad (Arturo Vidal, Sergi Roberto y Lenglet), le dio la noche a Semedo en esos primeros 45 minutos, marcó con un gran zapatazo con su pierna izquierda, dejó una rabona para enmarcar, y acabó, como el resto del equipo bético, pagando el cansancio en la segunda mitad, en la que vio cartulina roja por doble amarilla. Exhibición y expulsión en un Betis en el que Rubi tardó mucho en refrescar a un equipo con poquísima frescura y que apenas inquietó a Ter Stegen en el segundo acto.

William Carvalho, como era lógico, notó su inactividad, Guido Rodríguez empieza a darse cuenta de que la velocidad y el ritmo de la Liga española no tienen nada que ver con la mexicana (aspecto importante para una dirección deportiva que busca rendimiento inmediato), Canales no tuvo su noche y Aleñá pasó desapercibido en un partido muy físico y exigente en el que los azulgrana no parecieron en ningún momento acusar que jugaron el pasado jueves en Bilbao. Fuerza, físico y músculo, aspectos clave en el fútbol actual de los que carece el Betis.

Y otra vez los fallos en defensa. Dos goles a balón parado, el segundo antes del descanso, para tirar por la borda todo lo bueno que hicieron los heliopolitanos en la primera parte. En la segunda todas las ocasiones de peligro y claras fueron del Barcelona, que con posesiones largas supo dormir un partido que también tuvo el foco en los banquillos, con Quique Setién, que volvía al Villamarín, y Rubi, que meses atrás tuvo que convivir con la posible vuelta del santanderino. Así, fueron muchos los jugadores, como Joaquín, que antes del partido, en el túnel de vestuarios, saludaron al cántabro y a Júnior, quien también volvió a su casa tras su venta este pasado verano y recibió la ovación de la grada cuando fue cambiado por Jordi Alba.

Y en el gran ambiente que hubo en Heliópolis se vio un tifo en Gol Sur y guantes blancos como medida de protesta arbitral, las cuales se acrecentaron durante el partido. Después de varios arbitrajes polémicos sufridos por los verdiblancos en la Liga, fueron muchos los béticos que mostraron su enfado al estamento arbitral, aunque los arbitrajes no sirven para esconder la mediocridad en la que se encuentra este Betis. Todo esto hace que el hincha verdiblanco siga viendo una película siempre repetida que parece no tener fin. Un bucle eterno, una coctelera envenenada.

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