La Quinta Avenida sin Manhattan

Encallejados

La arteria principal del Cerro logra que un martes al año se hagan carne los versos de Montesinos: la vida aquí es clara.

La Quinta Avenida sin Manhattan
La Quinta Avenida sin Manhattan
Diego J. Geniz

09 de marzo 2015 - 05:03

ERA una mañana clara cuando el paseante aparcó su coche en la Ronda del Tamarguillo, junto al edificio del antiguo matadero municipal, delante del cual se levanta otro de nueva planta en el que se gestiona, organiza y se administra la educación andaluza. Una veintena de personas apostadas con pancartas en su entrada exigían el arreglo de un colegio. El día era soleado. Marzo acababa de estrenar sus galas. Aquel paréntesis entre la vorágine laboral -un lujo en estos tiempos- invitaba a caminar. Tras cruzar la carretera que hace las veces de segunda muralla de la ciudad arranca Afán de Ribera, una calle que cruza en canal el Cerro del Águila.

Es, por así decirlo, la Quinta Avenida de este pequeño Manhattan que conoció sus albores en los años 20 del pasado siglo, cuando a Sevilla llegaban los inmigrantes provincianos, aquellos que buscaban en la ciudad lo que les negaba el campo. Aquí no hay rascacielos, aunque sí un Metro que pasa muy cercano. Lo que no hay duda es de que Afán de Ribera tiene poco que envidiar en su día a día a las avenidas más populares del globo terráqueo.

Se cuentan con los dedos de una mano -y sobran- los locales vacíos. Su variedad comercial constituye un fiel reflejo del término acuñado por los cursis de las denominaciones: la aldea global. La carnicería José Cabo (famosa por la venta de chicharrones que contribuyen a moldear la curva manierista del michelín) mezcla su nombre en los rótulos de la calle con el del establecimiento Pronutrición, que, según aclara su escaparate, se trata de una tienda "experta en dietética y nutrición deportiva". A ella acceden y de ella salen jóvenes -algunos ya rozando los 40- de voluptuosas formas que cualquiera diría sacadas del taller de un imaginero neobarroco (más neo que barroco). El ejercicio físico practicado supuso en ellos tan magnífica gubia para realzar pectorales y bíceps que no hay mirada femenina (incluso masculina, pues la tentación no entiende de acera) que se resista a contemplar a estas figuras siempre dispuestas a alegrar la vista ajena.

Afán de Ribera hilvana los nombres de aquellos que cosieron pespuntes de belleza en la ciudad: Aníbal González, Hernán Ruiz, Vigilio Mattoni... Y sobre este nomenclátor se bordó la calle Francisco Carrera Iglesias, un vecino del Cerro que también supo enhebrar el clasicismo con lo popular. El hilo del tiempo cruzó con sus dedos la aguja de un barrio. De ahí nació el palio de la Virgen de los Dolores, cuyo rostro se multiplica por los azulejos de los balcones de esta vía, en la que los tenderos de frutas y verduras pintan al aire cada mañana los bodegones de Rubens.

Un barroco que no necesita de siglos para aprehenderlo. Se lleva en la sangre. Aquí, en lo que un día fue extramuros, el frutero Andres Núñez lleva 30 años dibujando su particular óleo. Todos los días riega las lechugas, rábanos y coliflores que policroman la acera donde la vida va pasando entre niños que van a la escuela, señoras con carros de la compra, jubilados que comentan la actualidad futbolística y jóvenes en paro que disfrutan de sus mañanas al sol. "Mi familia llegó aquí cuando ni el barrio existía", comenta este tendero cuyos productos adelantan el colorido de la primavera en Afán de Ribera.

La báscula de su tienda es un altar perenne. La exornan las hortalizas del tiempo. En lo más alto, un fotomontaje con el Cristo del Desamparo y la Virgen de los Dolores que no requieren de mejor dosel que el que conforman los azulejos a los que los años agraciaron con ese blanco que los expertos del colorido llaman "roto".

Andrés Núñez cambia una vez al año la fisonomía de su tienda. Siempre un martes. El martes en el que la sangre se dispara por las venas del barrio. Esa jornada este frutero monta su especial palco a base de cajones de fruta. Allí sienta a familiares y amigos para que vean pasar "la cofradía". Aquélla que no necesita nombre. La que logra que en el Cerro se hagan carne los versos de Rafael Montesinos: "Las mañanas eran claras/ porque tu vida lo era/ no porque fueran mañanas".

La cofradía del Cristo de Burgos pasa por una calle que se triplicó

Nazarenos del Cristo de Burgos embocan la antigua calle Imagen

Calle Imagen. La estrecha vía a la que se dirige este igualadísimo cuerpo de nazarenos es la antigua calle Imagen antes del polémico ensanche que tanto debate ha suscitado las últimas décadas. La cofradía que discurre por ella es la del Cristo de Burgos, que acaba de salir de la parroquia de San Pedro. A la derecha se encuentra el arranque de la calle Sor Ángela de la Cruz. Como se observa a la izquierda de la fotografía, hay otra calle de reducidas dimensiones, se trata de la vía llamada entonces Bolsa y que, como recuerda Julio Domínguez Arjona en La Sevilla que no vemos, desapareció en el ensanche acometido a partir de 1955, pues la actual Imagen ocupa el espacio que comprendía la original (en el que un tranvía arrolló a una mujer), la calle Bolsa y la manzana de edificios que la separaba.

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