Sevilla

Cae una banda que metía droga en Sevilla mediante helicópteros y avionetas

  • La Guardia Civil detiene a 25 personas que formaban parte de una organización que disponía de dos aeródromos clandestinos, que hacían pasar por canódromos

Dos agentes de la Guardia Civil muestran la avioneta incautada en Carmona.

Dos agentes de la Guardia Civil muestran la avioneta incautada en Carmona. / Juan Carlos Vázquez

Para llegar al aeródromo clandestino de Fuentes de Andalucía que los narcos utilizaban para meter hachís hay que salirse de la autovía A-4 y recorrer unos cuatro kilómetros por carriles de campo. El piso está bastante practicable y sólo en algunos puntos concretos se acumulan los charcos y el barro. Pero no es, desde luego, ninguno de los tramos adoquinados de la París-Roubaix del pasado domingo, donde el barro casi que tapaba por completo los adoquines. Aquí un turismo pasa bien y puede circular a cierta velocidad. El camino zigzaguea entre olivos, bordea una preciosa hacienda y termina en una pequeña finca con una modesta nave pintada con colores rojo y blanco.

Ahí, con los mismos colores, se guardaba un helicóptero, probablemente utilizado por los narcotraficantes para el transporte del hachís desde Marruecos hasta España. La aeronave no puede volar. A simple vista se aprecia que le faltan piezas, entre otras las hélices. La Guardia Civil cree que los miembros de esta banda que acaba de desmantelar reparaban ellos mismos los helicópteros. Quitándole asientos y demás elementos a la cabina, dejando solo el piloto, se puede hacer hueco para cargar una buena cantidad de fardos. Más de 300 sin duda. Es aproximadamente el 10% de lo que puede transportar una narcolancha, pero es un sistema más rápido y, sólo en teoría, más seguro. Porque finalmente la Guardia Civil dio con ellos.

La parcela convertida en aeródromo está delimitada por una valla. Una chumbera medio podrida indica que quizás todo el perímetro de la misma estaba cubierto con estas plantas, que están muriendo lentamente en toda España por una plaga de cochinillas. Sopla el viento fresco. Hace fácilmente diez grados menos que en la capital. Los investigadores, que llevan desde las seis de la mañana trabajando en el asunto, han sido más precavidos que los periodistas y llevan ropa de abrigo. Se observa perfectamente la pista de despegue y aterrizaje, con el suelo mucho más compacto que el resto de la finca. Es una larga recta de al menos 800 metros.

Un hombre se acerca. Es el dueño de la finca, que aclara que no tiene nada que ver, que no sabía que había un helicóptero allí, que alguien se lo ha colado y que él sí guardaba un ultraligero que alguien le ha roto. La Guardia Civil confirma que no se le está investigando. Al menos de momento. Quizás sería más prudente que no siguiera hablando, pero explica que la pista no es tal sino un canódromo, un lugar para la práctica de carreras de galgos. Eso sí, no hay resto de galgos y el único perro con el que los periodistas se cruzan en los cuatro kilómetros por caminos forestales es el de un señor que camina junto a unos olivos plantados hace poco.

Este es el escenario donde se explotó (término que utilizan a menudo los especialistas en la lucha contra el narcotráfico para denominar la fase de la operación en la que se practican registros y se detiene a los sospechosos) este lunes la operación Limoneros. Se trata del último golpe de la Guardia Civil a las mafias que importan hachís desde Marruecos. Por el momento hay 25 personas detenidas y se han realizado 23 registros simultáneos en las provincias de Sevilla, Huelva, Cáceres, Badajoz, Toledo y Murcia. Se incautó una cantidad de hachís que no ha trascendido, pues aún pesa sobre la investigación el secreto de sumario. Y se intervinieron al menos dos aeronaves: el helicóptero encontrado en el aeródromo clandestino de Fuentes de Andalucía y una avioneta hallada en un hotel rural ubicado en una hacienda de Carmona.

El helicóptero intervenido en Fuentes de Andalucía. El helicóptero intervenido en Fuentes de Andalucía.

El helicóptero intervenido en Fuentes de Andalucía. / Juan Carlos Vázquez

Un establecimiento, por cierto, que permanece abierto y está completo hasta mayo, pues, al igual que el propietario de la finca del aeródromo, los dueños del mismo desconocían la actividad de las personas que le habían alquilado parte de la finca. Con la malla, los narcos pretendían ocultar el aparato para que no fuera identificado desde el aire, bien por un dron o por el helicóptero de la Guardia Civil. Desde tierra sí se aprecia bien, pero claro, está oculto tras la hacienda y habría que rodear la construcción para llegar al lugar utilizado como hangar. Desde la carretera SE-6103, que une los municipios de Carmona y La Campana, es imposible verlo.

Es una avioneta pequeña, y por tanto tiene una capacidad de carga limitada. "Cuando se recurre a la vía aérea para transportar hachís, los narcos juegan con la rapidez. Una avioneta puede volar hasta Marruecos, cargar y venir en poco más de dos horas. Y eso pueden repetirlo muchas veces", explica una fuente de la lucha contra el narcotráfico. Los vuelos se practican de noche y, evidentemente, no quedan registrado en ningún organismo oficial. No hay plan de vuelo ni luces y generalmente son los propios todoterrenos que vienen a recoger la mercancía los que alumbran el lugar para que el aterrizaje se haga en condiciones más o menos seguras.

La avioneta, tapada con una malla para que no fuera identificada desde un dron o helicóptero. La avioneta, tapada con una malla para que no fuera identificada desde un dron o helicóptero.

La avioneta, tapada con una malla para que no fuera identificada desde un dron o helicóptero. / Juan Carlos Vázquez

Si se levanta la vista al otro lado de la finca en el que está la avioneta, se observa claramente otra pista. O un canódromo, si se prefiere. Sin galgos, claro. Y el terreno está machacado, señal inequívoca de que la aeronave ha pasado muchas veces por allí. En el suelo de tierra quedan las huellas de las rodadas, que parecen recientes. A diferencia del helicóptero de Fuentes, la avioneta parece que ha sido utilizada hace poco.

La operación Limoneros confirma que los narcos han reactivado la vía aérea para introducir hachís como alternativa a las embarcaciones semirrígidas que cruzan el Estrecho de Gibraltar y remontan el río Guadalquivir. Es una práctica ya antigua, que parece que ha vuelto a ponerse de moda. El accidente ocurrido a finales de julio de 2020 en Pedrera ya hacía indicar que se estaba viviendo una nueva era de los narcovuelos. En aquella ocasión, un helicóptero se estrelló en un olivar de este municipio de la Sierra Sur. Dos personas murieron en el siniestro, un ciudadano colombiano y otro español, residente en Dos Hermanas.

Pista utilizada para despegues y aterrizajes. Pista utilizada para despegues y aterrizajes.

Pista utilizada para despegues y aterrizajes. / Juan Carlos Vázquez

En Sevilla no había constancia de que se estuvieran realizando narcovuelos desde dos años y medio antes de aquel accidente. En febrero de 2018, la Guardia Civil desmanteló una organización especializada en este sistema para importar la droga. La investigación había arrancado un año antes, cuando se intervino un primer helicóptero en la sierra de Ronda. Pertenecía a una red dirigida por un ciudadano marroquí con residencia en Marbella. A partir de ahí, comenzó una operación que terminó con 18 detenidos. Los narcotraficantes estaban buscando una nueva aeronave para poder seguir operando tras perder el primer helicóptero. Lo compraron legalmente en Alemania y lo trajeron hasta España en un camión oculto.Una vez aquí, lo guardaron en una finca próxima al aeropuerto de Córdoba y después en una parcela de Osuna.

Antes de esta banda, el referente del tráfico de drogas por los aires en las provincias de Sevilla y Cádiz era José María Ramírez Mena, el Cabrero, utrerano afincado en Jerez, que en su día fue hombre de confianza del espía Francisco Paesa. Era el encargado de reclutar los pilotos, adquirir las aeronaves y buscar los lugares para ocultarlas. Cayó en dos operaciones de la Guardia Civil de Cádiz en los años 2011 y 2015. Una huella dactilar hallada en un helicóptero abandonado en Pilas en 2013 lo vinculó también con un alijo frustrado de 300 kilos de hachís.

En la operación Limoneros participan más de 400 agentes de distintas unidades de la Guardia Civil, como el Órgano de Coordinación contra el Narcotráfico (OCON Sur), el Centro Regional de Análisis e Inteligencia contra el Narcotráfico (Crain), el Grupo de Acción Rápida (GAR), el Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) y el Servicio Aéreo. Supone el fin de una investigación de dos años.

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