Historias de Sevilla y París El Palacio de Las Dueñas, Eugenia de Montijo y una carta de Mérimée

  • La Casa de Alba exhibe uno de los documentos que atesora y que revela cómo se creó la célebre ‘Carmen’ en un acto promocional de la mano del  Ayuntamiento de Sevilla en Francia

Patio del Palacio de Dueñas de Sevilla.

Patio del Palacio de Dueñas de Sevilla.

Prosper Mérimée, el autor de la novela corta que dio pie a la célebre ópera Carmen, tenía caligrafía de médico. Una dificultad que se observa en una de sus cartas enviadas a la condesa de Teba, la madre de la emperatriz Eugenia de Montijo y de la duquesa de Alba, conocida como doña Paca, en 1845. Un documento donde se revela cómo se concibió el personaje de la que, sin duda, fue su obra más importante y que inicia un sorprendente hilo que une a París y a Sevilla a través de la familia de aristócratas, la Francia de Napoleón III y la España del siglo XIX, la refinada sociedad parisina y lo castizo de la  Carmen de Mérimée... Huellas presentes también en uno de los palacios de la Casa de Alba, Las Dueñas, testigo de muchos episodios históricos, al que se acercan cada año muchos franceses y que ahora suma un atractivo más para fomentar este turismo.

La misiva, traducida y reproducida en un facsímil que se mostrará el próximo martes en París, es la aportación de Las Dueñas a la acción promocional que el Ayuntamiento de Sevilla realizará en una novedosa alianza con Barcelona en Francia. “La relación de Eugenia de Montijo con la Casa de Alba fue muy importante y con ella queremos contribuir a este proyecto turístico”, comenta Ricardo Gascó, gerente cultural de Las Dueñas que, antes de la pandemia, recibía un 50% de público extranjero, del que el 70% procedía de Francia.

El vínculo de este relato de Sevilla y París se centra en una figura tan fascinante como poco difundida: Eugenia de Montijo, la última emperatriz de Francia, una española en París que tiene mucho que ver con Sevilla. De hecho, Las Dueñas, también Liria, fue un palacio refugio para ella durante muchos años y en él se atesoran muchos objetos y recuerdo de su historia: retratos, aperos de montar, fotografías y varias estancias que usaba y siguen decoradas como las vivió la que fue también un icono de la moda de su época y una gran mecenas, pues patrocinó la industria textil francesa y mantuvo una relación muy fluida con el diseñador inglés Charles Fréderic Worth, a quien se considera el padre de la moda moderna. 

Fotografía tomada en el año 1920 en Las Dueñas, en Sevilla. En ella aparece la emperatriz Eugenia de Montijo, dos meses antes de morir en el Palacio de Liria, en los jardines de la residencia de los Alba, que frecuentaba en esa época, junto a la Reina Victoria Eugenia. Fotografía tomada en el año 1920 en Las Dueñas, en Sevilla. En ella  aparece la emperatriz Eugenia de Montijo, dos meses antes de morir en el Palacio de Liria, en los jardines de la residencia de los Alba, que frecuentaba en esa época, junto a la Reina Victoria Eugenia.

Fotografía tomada en el año 1920 en Las Dueñas, en Sevilla. En ella aparece la emperatriz Eugenia de Montijo, dos meses antes de morir en el Palacio de Liria, en los jardines de la residencia de los Alba, que frecuentaba en esa época, junto a la Reina Victoria Eugenia.

Volviendo al hilo de esta historia de Sevilla y París, Eugenia de Montijo llegó a la alta sociedad francesa de la mano de Prosper Mérimée. El también historiador y arqueólogo francés había entablado amistad en 1830 con la familia de la que se convirtió luego en emperatriz y que es la  hermana de la tatarabuela del actual duque de Alba y bisabuela de su madre, la recordada Cayetana  Fitz-James Stuart y Silva. En realidad, con quien el escritor mantenía relación era con los condes de Montijo y de Teba: el también duque de Peñaranda, grande de España que se casó con Manuela KirkPatrick. De ellos nacieron dos hijas en Granada: Francisca, conocida como doña Paca, y Eugenia, la hija rebelde y por la que Cayetana de Alba, la última moradora de Las Dueñas, sentía gran admiración, hasta el punto que en su entorno aseguran que bautizó a su única hija como Eugenia por la de Montijo.

El devenir de las dos hermanas, no exento de desgracia, no sólo está escrito en los anales de la historia, también en los de la copla que inmortalizó Concha Piquer.  “Se salió con la suya María Manuela / una reina es de Francia y otra es duquesa /Pero Paca se muere bajo la niebla / y Eugenia en el Versalles, se siente presa”.

Baile en el Eliseo

Eugenia y Paca se habían criado en París, en reputadas escuelas, donde su madre, amante del lujo, se exilió con ellas durante las guerras carlistas. En 1839, tras fallecer el conde de Montijo, pudieron regresar a Madrid y la madre, con fama de casamentera, empezó a diseñar el futuro de sus hijas buscando dos buenos maridos. Cuentan los cronistas que el primer amor de Eugenia fue Jacobo Fitz-James Stuart, duque de Alba y de Berwick, que acabó casándose con Paca. Y fue en 1852, en un viaje con su madre a París, donde una afligida Eugenia de Montijo mató su mal de amores al conocer en un baile del Eliseo a Luis Napoleón, ambicioso político y sobrino de Napoleón Bonaparte que disolvió la República y se convirtió en el emperador Napoleón III. Se casaron en 1853 en Notre-Dame y su hermana Paca, por quien ella se había sacrificado, no pudo asistir a la boda al estar ya enferma, aunque murió siete años después. Exiliada ya en Inglaterra, en 1873 Eugenia de Montijo enviudó y seis años después falleció su único hijo, el príncipe imperial Luis Eugenio Napoleón, que murió a manos de los zulúes durante la invasión de los ingleses en Sudáfrica. Y en 1920, anciana y enferma, regresó a Madrid y se instaló en las residencias de su sobrino nieto el duque de Alba, en Liria, donde falleció, y en Dueñas, donde hay una fotografía de ese mismo año, dos meses antes de morir, que la inmortaliza junto a la Reina Victoria Eugenia en los jardines y patios de limoneros por los que paseaba cuando ya había nacido Antonio Machado. 

Las imágenes cedidas por la Casa de Alba pertenecen a la carta que mostrará en París y que fue escrita por Prosper Mérimée a la condesa de Teba y madre de Eugenia de Montijo en 1845 cuando estaba creando su novela Carmen, llevada luego a la ópera compuesta por Bizet. Las imágenes cedidas por la Casa de Alba pertenecen a la carta que mostrará en París y que fue escrita por Prosper Mérimée a la condesa de Teba y madre de Eugenia de Montijo en 1845 cuando estaba creando su novela Carmen, llevada luego a la ópera compuesta por Bizet.

Las imágenes cedidas por la Casa de Alba pertenecen a la carta que mostrará en París y que fue escrita por Prosper Mérimée a la condesa de Teba y madre de Eugenia de Montijo en 1845 cuando estaba creando su novela Carmen, llevada luego a la ópera compuesta por Bizet.

Cuando Mérimée escribió la carta a la madre de Eugenia de Montijo ésta tenía 19 años. La misiva está fechada en 1945, el año en el que el escritor estaba en pleno proceso de creación de Carmen y en ella deja constancia de su cariño por España y ese contraste que encontraba entre la refinada sociedad francesa y lo más castizo de la española, así como su interés por los gitanos que favoreció que convirtiera a la protagonista de su obra en gitana. Así se recoge en la carta: “Como había estado estudiando a los gitanos durante algún tiempo con mucho cuidado, hice gitana a mi heroína.  En este sentido, ¿sabéis si todavía hay en Madrid un libro editado por un tal señor Borrow, en chipi calli o lengua de los gitanos, titulado Embeo e Majaró Lucas?  Es el evangelio de San Lucas.  Este Borrow [George Borrow, también conocido como don Jorgito el Inglés] hizo un libro muy divertido, libro llamado Biblia en España.  Es una lástima que mienta más que habla y que sea excesivamente protestante.  Por ejemplo, dice que todavía hay musulmanes ... en España, y que hay ... un arzobispo de Toledo que era de esa religión.  De los gitanos dijo muchas ... cosas, pero en su calidad de inglés y como ... no vio ni quiso decir varios rasgos de los que valía la pena hablar”.

Prosper Mérimée. Prosper Mérimée.

Prosper Mérimée.

La historia de Carmen se inspira en un relato que le contó doña Manuela al escritor quince años atrás: “Acabo de pasarme ocho días encerrado en la escritura, ... sobre los hechos del difunto Don Pedro, ... una historia que me habéis contado hace 15 años, y que espero no haber estropeado.  Se trataba de un valentón de Málaga, que había matado a su amante, que se dedicó exclusivamente al público.  Después de Arsène Guillot, no tengo nada ... más moral que ofrecer a nuestras hermosas damas”.  El argumento habla de José, que arruinó su vida y su carrera por causa de una gitana llamada Carmen que se ganaba la vida cotidianamente como cigarrera y, a ratos, como bailarina.

En la carta, Mérimée también pregunta a la madre de Eugenia por su último viaje a Francia y habla sobre literatura, citando las ediciones de las comedias de Lope de Vega y evidenciando el ambiente cultural en el que se movían.

Exposiciones en Liria y Dueñas

Un legado de historia y cultura que 176 años después une Sevilla y París, a Francia con España. Y que forma parte de una herencia que puede verse también estos días en el Palacio de Liria, donde la Casa de Alba ha inaugurado una exposición, pospuesta por la pandemia, para conmemorar el centenario de la muerte de la que muchos consideran la Sissi española, lo que hoy sería una gran influencer de la moda, la cultura y la política. Una muestra que tendrá una próxima parada en Sevilla, en Las Dueñas, su refugio al que llegan hoy muchos franceses que han oído hablar de Carmen, la de Mérimée, sin conocer otro relato menos castizo y de refinando sabor francés.

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