¡Visca Texas! (II)
Un sevillano en Texas
Las tendencias separatistas no son un vicio exclusivo de la sociedad española. El poderoso EEUU también tiene sus problemas.
El diciembre pasado publiqué en este diario un artículo bajo el titulo ¡Visca Texas¡ en el que aludía a varios movimientos separatistas actualmente en curso, concretamente los que se refieren a Escocia, norte de Italia y Cataluña y a otro como el de la provincia canadiense de Quebec, ya algo antiguo y adormecido pero no extinguido. También hacía mención de un recientísimo sarampión separatista surgido en mi estado de Texas. El tal artículo, debido a un fallo técnico, salió cojeando puesto que accidentalmente alguien amputó el último párrafo. Un lector notó que el texto no incluía lo que el título anunciaba y me lo hizo notar. El invisible texto es como sigue:
"Aun todavía más reciente es la tan cacareada independencia de Texas. Realmente grotesco. En 1958, coincidiendo con mi llegada aquí , el aniversario de la batalla de San Jacinto (1836) ganada por los texanos y que les valió la independencia con México era fiesta oficial en el estado y lo siguió siendo por varios años. Hoy no lo es. Hoy día pocos saben qué representa San Jacinto en la historia de Texas. Oleadas de inmigrantes de fuera y dentro del país han diluido cualquier sentimiento o espíritu tejano. El mito de Texas no pasa de ser pura retórica. La bandera, que excepto en oficinas estatales ondea por todas partes es la bandera de las barras y las estrellas, no la de Texas. La idea de una Texas independiente es ridícula, a pesar de los miles de firmas (vaya usted a saber si de vivos o muertos) que hayan llegado a la Casa Blanca. Está inspirada por el Tea Party, el ala de la extrema derecha del Partido Republicano, que aún patalea al haber sido derrotado en las recientes elecciones presidenciales."
El movimiento separatista de Texas no es nuevo. En 1995 un tal Rick McLaren, un texano, hizo recordar que en 1861 Texas se separó de la Unión y formó parte de la Confederación de Estados del Sur, que combatió al Gobierno federal, en la Guerra de Secesión (1861-1865). McLaren argumenta que al terminar la guerra el gobierno central forzó a Texas a reincorporarse a la Unión, que tal acción fue ilegitima porque Texas votó 4 a 1 separarse de la Unión y que en la actualidad Texas es una nación "cautiva" y "ocupada" por USA. McLaren, que actualmente cumple condena en una prisión federal por actos de bandidaje (secuestro de un matrimonio y resistencia armada a las autoridades) fue el creador de este movimiento que estaba prácticamente muerto pero que en los últimos años ha servido de pretexto a algunos listillos para invocar un estado inexistente que les ha servido de pretexto, por ejemplo, para negarse al pago de impuestos federales o resistir la extradición a otro estado en causas penales.
Pero fue en la última campaña presidencial en la que, al socaire de una vaga alusión por el gobernador de Texas Rick Perry a que este Estado funcionaría mejor si fuera independiente, la facción republicana del Tea Party ha revivido este majadería de la independencia texana. El triunfo de Obama en las elecciones presidenciales ha recrudecido este minimovimiento que no es el único en el país. Increíblemente, otros estados como Hawái, Alaska, Vermont, etcétera también airean deseos separatistas.
Texas tiene una historia única en el conjunto de los estados que conforman la nación americana. Al independizarse de España, y encontrarse con un vasto terreno prácticamente despoblado México, hizo un llamamiento al vecino del Norte invitando al que quisiera a establecerse en Texas prometiendo el oro y el moro. Las promesas fueron incumplidas, lo que desató la independencia texana. Tal independencia duró diez años. En 1846 USA anexionó Texas.
En los diez años en los que Texas fue independiente, la joven republica mantuvo una legación en Londres (hay una placa en un edificio que así lo recuerda) e incluso una diminuta armada a la que se alude frecuentemente como objeto de regocijo. De hecho, el titulo de almirante honorario de la flota de Texas e incluso pasaportes son artículos humorísticos de venta a turistas nacionales o extranjeros.
Aparte de las bromas, lo cierto que esos diez años de independencia han dado a este Estado un sello de distinción, del que salvo las trece colonias originales, los por así decir "socios fundadores" de la Unión, carecen los restante estados. Pero, como decíamos en diciembre, este espíritu de singularidad ha quedado difuminado en razón al inmenso aluvión al estado de gentes ajenas e indiferentes a su historia. Las generaciones que le han sucedido se alejan más y más del espíritu de "texanidad" que pudieran haber conformado la idiosincrasia de los pioneros y generaciones cercanas a los mismos.
Un amigo (americano) ha objetado mi conclusión aludiendo que en su college los estudiantes texanos formaban una piña y se pavoneaban de su especial condición. No me extraña. Nada como estar fuera de su propio hábitat para que un grupo homogéneo haga saber a los demás su característico hecho diferencial. "Oye, que no somos iguales, eh, que soy de Texas"
De cualquier modo, la Casa Blanca ha respondido a la petición de independencia recordando a los que la promueven que hace cerca de 150 años el Tribunal Supremo, en el caso Texas vs. White (1869) decretó que la unión entre los estados es perpetua y que no cabe separarse de la misma.
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