La 'boda' gitana de un cura con trienios

Calle Rioja

Celebración. Cinco seminaristas se ordenaron sacerdotes hace treinta años. Son párrocos en San Bernardo, Montequinto, la Concepción y Ómnium Sanctórum. El quinto se salió.

La 'boda' gitana de un cura con trienios
La 'boda' gitana de un cura con trienios
Francisco Correal

07 de octubre 2014 - 05:03

SI llevara treinta años en El Corte Inglés, le habrían dado un reloj de oro y un sello conmemorativo. Lo de Pedro Juan Álvarez Barrera tiene más mérito. Cuando hace treinta años entró de sacerdote la moda era salirse. "Éramos muy pocos, un gran porcentaje de curas de Sevilla habían abandonado el sacerdocio. Había una gran inquietud social y a Bueno Monreal se le iban grupos de treinta curas a raíz del Concilio Vaticano II. Unos se casaban, otros se salían sin más".

El 6 de octubre de 1984 "a las seis de la tarde", día de San Bruno, patrono de los cartujos, cinco seminaristas se ordenaron sacerdotes. De los cinco, sólo uno colgó los hábitos. Pedro Juan celebró ayer su trigésimo aniversario sacerdotal en Ómnium Sanctórum. De su quinta, Mario Ramos es párroco en San Bernardo; Francisco José Blanc, en Montequinto; Ángel Sánchez Solís, en la iglesia de la Concepción, junto a la Gran Plaza donde el padre de Pedro Juan trabajó de camarero de La Ponderosa.

Ese verano España había sido finalista de la Eurocopa de Francia. Como treinta años después, acababa de terminar la Bienal de Flamenco con un espectador de excepción. Jorge Luis Borges, que participaba con Italo Calvino y Gonzalo Torrente Ballester en un seminario de Literatura Fantástica en Sevilla, se acercó a la plaza del Lucero, muy cerca de esta iglesia, para emocionarse con fandangos de Escapachini. Treinta años después, el Papa de Roma es un gran lector de Borges, su compatriota Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco.

Pedro Juan ha conocido desde que se ordenó sacerdote dos arzobispos, tres Papas -ninguno italiano- y cinco alcaldes de Sevilla, aunque sus primeros años sacerdotales los vivió entre los destinos parroquiales de Casariche y Aznalcázar. Vivió el tránsito del movimiento jornalero a la devoción rociera, del rojerío al beaterío, de la reforma agraria al turismo rural.

Lleva trece años en la única iglesia que sabe latín. Ómnium Sanctórum, en el corazón de la calle Feria, fortaleza junto al mercado parafraseando a Ramón Carande, sabe de transiciones. Fue fundada sobre una antigua mezquita por Fernando III en 1249, un año después de entrar en Sevilla, y casi siete siglos después, la II República, por medio de su Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, declaró el templo monumento histórico-artístico en junio de 1931. Un templo en el que este cura del 84 coge la escoba para barrer el arroz de las bodas o el andamio para reparar la instalación eléctrica.

Cura de su tiempo, por la mañana dio ayer clase de Religión en el instituto San Isidoro y por la tarde fue el gimnasio. Su aniversario es como una boda gitana. Ayer celebró con sus parroquianos los treinta años de ordenación sacerdotal y hoy, en la iglesia de San Benito, donde dijo su primera misa, hará lo propio. El cáliz de su ordenación se lo regaló la hermandad de San Benito a la que acompaña todos los Miércoles Santo; la casulla, sus padres, Manuel Álvarez, ya fallecido, e Isabel Barrera. "Los curas somos muy madreros", diría en su emocionada homilía.

Diez días antes de su ordenación sacerdotal todo el país se conmovió con una noticia de impacto tremendo. La recuerda como si hubiera ocurrido ayer. "Estábamos de ejercicios espirituales en San Juan de Aznalfarache. Los dirigía el padre Méndez, arzobispo de Granada. No podíamos hablar, una monja entró y nos enseñó un tablón donde había escrito "Ha muerto Paquirri".

Estos cinco magníficos del sacerdocio se ordenaron ante el altar mayor de la Catedral. "Hacía muchos años que no se hacía allí. Lo normal es que cada uno se ordenase en su parroquia o la de su pueblo, pero Carlos Amigo, el arzobispo, dijo que él no iba a cinco parroquias". Un día histórico.

La Iglesia es su empresa. "El de arriba es un buen pagador". El confesor se confesó. "Nunca he cobrado un sueldo de la iglesia. Yo me he ganado la vida como profesor de instituto. Lo único que me paga la diócesis son los 130 euros por ser arcipreste, un dinero que me gasto en fotocopias para los curas y en convidarlos a café. La gente perdona un cura que beba, un cura que se case. Lo que no perdonan es un cura pesetero".

Fue un tiempo de mandatos longevos. Manuel del Valle llevaba un año como alcalde de Sevilla y aún estaría otros siete. Felipe González estaba a punto de superar los dos años en la Moncloa y todavía le aguardaban otras doce legislaturas. Carlos Amigo Vallejo también era de la quinta del 82, el año que llegó desde Tánger a la diócesis de Sevilla, donde a partir de 1984 le verían un cuarto de siglo más al frente de la archidiócesis.

Pedro Juan ha vivido momentos históricos en esta iglesia ubicada en la calle donde nació Juan Belmonte. La incorporación del Carmen Doloroso a la carrera oficial; la presencia de una mujer, Maruja Vilchez, por primera vez al frente de una hermandad de penitencia, en los Javieres. El Martes Santo capicúa de 2002, cuando este cura nacido en la calle Oriente y bautizado en San Benito fue escoltado en la procesión por cuatro bomberos de Nueva York que recibieron en Sevilla el cariño meses después de la masacre del 11-S.

Cura de la capital, se forjó en los pueblos y volvió a la metrópoli para sustituir en Ómnium Sanctórum a Francisco Pérez Camargo, de Cazalla de la Sierra. En esta iglesia el tiempo se mide de treinta en treinta años. En 1954, tres décadas antes de su ordenación, Pío XII proclamó en Roma la realeza de la Virgen.

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