La burbuja de los cigarrillos electrónicos

El 'vapear' se convierte en moda en tiempo récord e inunda la ciudad de tiendas especializadas

La burbuja de los cigarrillos electrónicos
La burbuja de los cigarrillos electrónicos
Manuel Ruesga

24 de noviembre 2013 - 05:03

Para dejar de fumar o para esquivar la ley antitabaco. Estas dos explicaciones son las más usadas por los fumadores para justificar su paso al cigarrillo electrónico, un producto que se ha convertido en una auténtica moda en tiempo récord y que está inundando la ciudad de tiendas especializadas.

Los estudios realizados hasta la fecha no han conseguido determinar lo perjudicial que puede ser para la salud el uso de este producto. Tampoco está certificado, como alertó la Organización Mundial de la Salud en 2008, que sirvan para lo que los usa mucha gente: abandonar el hábito de fumar. No obstante, lo que es una realidad es que cada vez más sevillanos descubren el producto y se atreven a probarlo. En Fuma Aroma, en la Plaza del Salvador, los clientes que llegan lo primero que buscan es informarción: "Salud y ahorro son sus dos puntos fuertes", asegura Ricardo Monsalve, dueño de la franquicia.

Vainilla, albaricoque, café, frambuesa o capuchino. Cuando uno entra en un establecimiento y observa los sabores disponibles no sabe si está en una tienda de Nespresso, en un herbolario o en una frutería.

Con una licencia de comercio al por menor de artículos para fumadores, la tienda de Ricardo abrió sus puertas el 12 de noviembre para vender a sus clientes las ventajas de poder estar vapeando en el trabajo o un restaurante sin restricciones. La ley ni siquiera prohíbe su venta a menores. En España sorprende la falta de atención que presta el Gobierno a esta materia. Ni en el Comisionado para el Mercado de Tabacos, ni en el Ministerio de Hacienda ni en el de Sanidad tienen datos sobre el consumo de estos pitillos. Desde Sanidad se remiten a la ley antitabaco y a la futura directiva europea, que pretender equiparar el vapear con fumar. Mientras, Cataluña limitará su uso en espacios públicos.

En los estancos también podemos encontrar en venta este producto, que tiene un precio que oscila entre ocho euros para los de usar y tirar hasta los 70 que cuestan los más sofisticados y con mayor autonomía. Las dosis de nicotina va desde los 1,8 miligramos hasta cero. El encargado del Palacio del Fumador, Enrique Muriedas, asegura que se trata de una moda que "cuando le afecte los impuestos" todo el mundo volverá al convencional. Una clienta compra un paquete de tabaco con un cigarrillo electrónico colgado del cuello que le está ayudando a dejarlo: "Sólo fumo cuando más los disfruto, tras las comidas", afirma la joven sonriendo.

En el clásico local del Palacio del Fumador situado anteriormente en la calle Velázquez nos encontramos ahora con el Fumador de Vapor y su dependienta, Luisa Andújar. "Es impactante el número de personas que usan el cigarrillo electrónico. Gente que lleva más de 25 años fumando". Antonio Liña, con 73 años, lleva fumando desde la mili y entra en el local para cambiar de hábito: "Mi única duda es conocer si es bueno o no para mis pulmones". El ahorro económico es sustancial: 30 paquetes de tabaco (120 euros) equivalen a tres recambios (18 euros).

Forma parte del paisaje urbano ver a gente con uno estos cigarrillos colgando del cuello o bien vapeándolo en el autobús. Su consumo se ha triplicado en sólo dos años y algunos analistas aseguran que en diez sus ventas superaran a las de los cigarrillos convencionales. Ante estas previsiones, todas las grandes tabacaleras han invertido cientos de millones de euros en comercializar sus propios cigarrillos electrónicos o bien han adquirido marcas que lo fabrican.

Un producto inventado en China en 2003 que calienta un líquido hasta el punto de generar vapor que se puede comprar hasta a bordo de un avión de una compañía low cost.

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