"La crisis ha hecho que descienda el absentismo laboral"
Los invisibles
Especializada en Recursos Humanos, estudió Grafología y ha aplicado sus técnicas de selección de personal en sectores como el textil, la farmacia o los hidrocarburos
DE cocineros a ingenieros de caminos, de azafatas de congresos a intérpretes de ruso. María Teresa Asprón (Sevilla, 1979) ha visto todos los oficios en sus trabajos de selección de personal. Se licenció en Ciencias Políticas y Sociología en Granada, con cursos de Criminología y Grafología.
-¿Por qué estudió Grafología?
-En Granada había un centro de Psicología Judicial y Grafología. Hacían un examen previo para ver si podías entrar o no. No todos los usos de la Grafología son correctos y con buenas intenciones. Estuve yendo a clase todos los sábados durante dos años.
-¿Lo utiliza en su trabajo?
-En España es una actividad prácticamente desconocida, que muchas veces la confunden con la brujería. Compañeras de clase me daban escritos suyos para que mi profesor estudiara su personalidad. Casi siempre acertaba. Hay que coger una lupa para medir el tamaño de la letra. Mi profesor, Jesús Barrón, lo empleaba con personas a las que se les asignaba la custodia de los niños.
-¿Por qué se fue a Madrid?
-Porque ni Granada ni Sevilla me ofrecían lo que yo buscaba. Hice un máster de Dirección y Gestión de Recursos Humanos de 1.365 horas en la Escuela Europea de Negocios. De lunes a sábados.
-Usted es la chica de los sábados.
-Siempre he estado estudiando. Estoy entre tercero y cuatro de Psicología por la UNED. He hecho cursos de Prevención de Riesgos Laborales, de Ergonomía.
-¿Su estreno laboral?
-Un proyecto real en una empresa. Era una firma de viales y ampollas de la que sólo hay cinco fábricas en Madrid, con muy poco personal especializado. Hicimos un estudio del clima laboral.
-¿Qué clima hay con la crisis?
-Están desapareciendo muchos puestos de trabajo y eso, curiosamente, está teniendo un doble efecto. Con la crisis y la ausencia de empleo, el trabajo se ha prestigiado y hay menos absentismo laboral. Además, ya no es tan frecuente que la gente hable mal de su trabajo y de sus jefes.
-Un verdadero deporte nacional.
-Antes era muy frecuente que la gente hablara mal de su trabajo, de los compañeros y de los jefes. Y de las jefas, por supuesto.
-¿Dónde empezó?
-De becaria en una empresa de fuerza de ventas. Las selecciones eran masivas. No había tiempo para hacerlas individuales. Se seleccionaba comerciales de tarjetas de crédito y azafatas de congresos. Se hacían seis dinámicas de grupo diarias. Se valoraba mucho más la habilidad comercial que la formación o experiencia.
-¿Se ha tenido que meter en mundos que le resultaban ajenos?
-Mi primer trabajo fue en una empresa de hidrocarburos, CLH, la antigua Campsa. Me fui porque no se jubilaba nadie.
-¿El empleo se ha convertido en un artículo de lujo?
-Estuve en un centro de empleo, de orientación laboral de la Comunidad de Madrid. Con la integración de nuevos países en la Unión Europea los fondos se redujeron y el centro desapareció. Envié a empresas currículos de personal sanitario, de un ingeniero de caminos con diez años de experiencia. También cocineros o mozos de almacén. Si no vi todas las profesiones, vi la mayoría.
-¿Con cuál se queda?
-Con la mía, que seguí cultivando en la Fundación Ángel Martínez Fuertes. Era la más joven de los siete técnicos de empleo.
-¿Cuál es su ocupación actual?
-Estoy en el departamento de Recursos Humanos de una empresa que se dedicaba al sector de la construcción y con la crisis se abrió a campos como el área de gestión de cobro. El de gestor de cobro es un oficio que está de moda. Hay mucha gente que debe dinero a otra gente y se trata de arreglarlo de manera amistosa.
-¿Y se consigue el objetivo?
-Es un trabajo telefónico con un programa informático. El perfil del candidato ha cambiado mucho respecto a hace siete u ocho meses. Antes llegaban perfiles sin cualificar y ahora hay gente con currículos impresionantes, licenciados en Derecho, incluso con publicaciones. Abogados que con la crisis no tienen suficiente con los ingresos de su bufete.
-¿La selección más difícil?
-Al menos la más surrealista. Estuve un tiempo de consultora en el área textil. Se trataba de buscar personal para encargadas de tienda, dependientas de ropa de alta gama, para gente elitista. Cuando entraban por la puerta, ya sabías si servían o no. Que midiera 1,75 y una talla 38, porque la talla 40 no la quieren. Para eso iba al concurso de Miss o Mister España.
-¿Hay una casuística del empleo?
-Había un foro de empleo en la Facultad de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Cuando la construcción estaba en auge y un arquitecto o un ingeniero estaban muy cotizados, las empresas cogían los currículos de los estudiantes, al revés de lo que ocurría en otras facultades.
-¿Echa de menos Sevilla?
-En Madrid me siento más andaluza que sevillana. El acento los desorienta. La chica que limpia en mi empresa es argentina y me dijo que yo no parecía española. Me toman por canaria o extremeña. En Madrid hay mucha gente que emigró de Extremadura.
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