Y dicen que el teatro es caro

calle rioja

Recova. Nueva sala teatral en los puestos 11 y 12 del mercado de Triana, donde, entre dos carnicerías, hay flamenco, cine africano o 'La voz humana' de Cocteau con Antonio Dechent.

Un espectador saca la entrada para 'La voz humana'. A la izquierda, el director, Antonio Campos, con Fernando Rodalva, de la sala. / Juan Carlos Muñoz
Un espectador saca la entrada para 'La voz humana'. A la izquierda, el director, Antonio Campos, con Fernando Rodalva, de la sala. / Juan Carlos Muñoz
Francisco Correal

04 de junio 2013 - 01:00

FRENTE a la cultura del mercado, el mercado de la cultura. Olor a especias. Tomates rojos como balones maoístas, sandías como obuses cucurbitáceos. En el mercado de Triana hay un pollero viajero y un carnicero proustiano. Frente a la Huerta de Miguel, en los puestos 11 y 12 de la plaza de abastos, entre dos carnicerías, unos valientes han creado una sala de teatro en una caja de zapatos. La metáfora cobra vida cuando los 28 espectadores que caben en los dos puestos se acomodan y se encuentran ante una cama deshecha -quizás los restos del "desorden de tu cuerpo" del que habla Álvaro Mutis- y un pie gigantesco, inerte, como separado de un cuerpo invisible.

Es el pie de Antonio Dechent, que cinco veces por semana se mete en estos puestos del mercado de Triana para interpretar La voz humana, el clásico de Jean Cocteau que ajustándose al personaje femenino del original interpretaron en el cine Anna Magnani o Ingrid Bergman, un texto que recupera Pedro Almodóvar en alguna de sus películas. Antonio Campos, director de la obra, amigo del actor, su yerno en el Queipo de Dechent, masculiniza la obra. El pie vegetal cobra vida y se hace puerta de la carne.

Dos funciones el viernes y el sábado. Una el domingo en un espacio que también acoge a lo largo de la semana cine africano, espectáculos flamencos y funciones de teatro infantil. El actor, el teléfono y la cama. El domingo acudió a verla Julio Fraga, director de la obra Se alquila sofá-cama, que con el propio Dechent repetirán el rito de la subasta, un clásico de estos actores, en Pasos Largos, el bar de la calle Feria esquina con Relator. Los orígenes de Juan Belmonte, cuya estatua, obra de Venancio Blanco, es un icono de este espacio teatral.

Sara, la taquillera, guarda las entradas en cartuchos de papel de estraza. Hace las veces de acomodador Fernando Rodalva, uno de los socios del invento. Jean Cocteau fue compañero de vanguardias y de generación de Picasso, Modigliani, Apollinaire o Max Jacob. Por exigencia del guión, Dechent recita emocionado un poema de Luis Cernuda, donde habite el olvido. Cocteau y Cernuda murieron el mismo año de 1963. Hipólito G. Navarro, escritor y cuñado del director, sugiere en el tercer tiempo, al calor de una cervecita fresquita en la calle San Jacinto, abreviar la lectura poética para que no haya fricción textual entre coetáneos.

Llora y se estremece. Suplica y tartamudea. Calla y vocea la voz humana, vocea y cocea en arrebatos del instinto con la vida desatada de ese pie que no cabe en la caja de zapatos y ni siquiera en la caja de pino donde humorísticamente se suicida dos veces. El viernes, volverá el actor al mercado de su barrio. Entre semana, le reclaman compromisos relacionados con su última película, A puerta fría, de Xavi Puebla, con la que Dechent obtuvo el premio al mejor actor en los festivales de Málaga y Toulouse y en la que comparte reparto, como Eddy Murphie en Límite 48 horas, con el gran Nick Nolte.

Actor y director ya coincidieron compartiendo reparto en una adaptación de Genet. Repiten como afrancesados. Julio Fraga coge su bicicleta en los dominios de Zeppelin, cerca de la calle Pureza donde murió el gran Demófilo, el padre de los Machado, y vuelve para la Alameda. La cama de Dechent no está en venta. El teléfono es fundamental. El móvil, el celular que dicen los mexicanos, vulgarizaría la historia. El dueño del pie se cambia el teléfono de manos, el cable parece un sucedáneo de soga. En la conversación con su interlocutora, apenas dos nombres propios: Javier y María. Curiosamente, Javier Marías es uno de los escritores que mejor novela el desgarro de una llamada telefónica en Mañana en la batalla piensa en mí.

Poco antes de la función de Dechent, Pedro Ybarra oficiaba la misa dominical en la iglesia de la Magdalena. El que fuera párroco de Santa Cruz asistió como invitado a un congreso de Comisiones Obreras. El actor de La voz humana tuvo su particular Stanislaski en otro cura, el sacerdote Isaac García Guerrero, en cuya escuela de Teatro de los Padres Blancos se formaron Antonio Dechent y Paz Vega, trianera del celuloide como lo fueron Antoñita Colomé o Marifé de Triana, vecinas respectivas de las muy próximas calles Pureza y Alfarería.

El actor, el director, su cuñado y su mujer, que suena a película de Peter Greenaway, comparten tertulia en el bar Altozano de Triana, que en su anterior denominación de bar Dulcinea, famoso por su ensaladilla rusa, aparecía entre los once bares de Triana que Pérez-Reverte mencionaba en su novela La piel del tambor.

La voz humana estará entre carnes y verduras, entre frutas y pescados, todo el mes de junio. Ojalá y después empezara la temporada del cine de verano, ese cinemascope que se sabe de memoria Ángel Vela. Pero la selecta nevería pasó a mejor vida. Dechent declama a Galiardo y a Valle-Inclán, que rechazó la donación de sangre de Echegaray porque estaba "llena de gerundios". Valle apareció por la presencia la víspera en el patio de butacas, entre los 28 espectadores, de Carlos Álvarez-Nóvoa, el Goya de Solas -donde también trabajaba Dechent- que no quiso perderse esta inmersión en los sinsabores de la duda del amigo de Picasso.

"El segundo novelista que viene a ver la obra". Celebran la presencia de Hipólito G. Navarro, el reputado autor de relatos, el más internacional cuando le dejan sus obligaciones laborales con el BOJA. Junto a los puestos 11 y 12 donde Dechent se cambia el teléfono de mano como Nadal la raqueta, está la carnicería de Jesús Díaz. Una cuartelá con nombre de novelista cubano, el Jesús Díaz que escribió Las palabras perdidas, obra con la que fue finalista del Herralde. ¿Se pierden las palabras por el teléfono? Viaje de Cocteau a Graham Bell en una cama deshecha y pies para qué os quiero. Verano en Triana. Junio Dechent. Julio Velá.

stats