“Cuando me enfado con los jueces, me refugio en la literatura, es una terapia”
Los Invisibles | Emilio González Romero
Abogado experto en divorcios y demandas sanitarias, viaja en su segunda novela a una Barcelona abigarrada que saca partido de la neutralidad española
DEDICÓ siete años a escribir Luz del 14, viaje a una Barcelona de espías, buscones y bailarinas. Emilio G. Romero (Aracena, 1966) es abogado de profesión, despacho en la Gavidia.
–¿Cómo se llevan el Derecho y la literatura?
–Es una terapia. Cuando me enfado con los abogados, las sentencias de los jueces o los clientes, me refugio en la literatura.
–¿Le divierte más?
–Cuando presenté mi libro de relatos Sin noticias de Ivanhoe, contraté a dos actrices extranjeras, una turca y una inglesa. La turca decía que era nieta de Wilbour D. Slutter, el autor de los relatos. Hasta el decano de los abogados, José Joaquín, se lo creyó.
–¿’Luz del 14’, primera novela?
–Es mi quinto libro individual y mi segunda novela. La primera fue Lejos de Theleman, sobre el rodaje en 1956 de La bandera negra, película española de Armando de Ossorio contra la pena de muerte rodada en el franquismo.
–La época recuerda ‘La verdad sobre el caso Savolta’...
–Pero Eduardo Mendoza, al que le hago un cameo, no aborda el friso completo de esa época.
–¿La neutralidad es neutral?
–La neutralidad de España en esa guerra lo impregna todo. Los alemanes no tienen salida al mar por el norte y buscan aquí provisiones para sus submarinos. A Barcelona llegan todos los que huyen del Apocalipsis, los que no quieren saber nada de la guerra. Berlín y París, las dos grandes capitales de Europa, han sido destrozadas por la guerra.
–Hay una película que estuvo en los Goya sobre esa época...
–Esa película es posterior, se centra en los años del pistolerismo contra los sindicalistas. Hay un nexo con mi novela en el personaje de Brabo Portillo. Trabaja para los alemanes, organiza el crimen de Barret, el que desata la trama de la novela de Mendoza. Es autor del primer ensayo científico sobre la Policía. Me lo mandaron de la Academia de Ávila.
–¿Un personaje de novela?
–El falso barón Von Roland. Había vendido betún en Colonia, neumáticos en Hamburgo. Hijo de sefardíes, hablaba español perfectamente.
–¿Barcelona fue capital del sur?
–Había 25.000 alemanes, unidos a los castellanos, andaluces y extremeños que empiezan a llegar a una ciudad de oportunidades. Se viven paradojas ideológicas como que con dinero de Alemania los anarquistas revientan las fábricas de los aliadófilos.
–La Historia parece ficción...
–Alfonso XIII financió una película sobre Cristóbal Colón y escribe los guiones de tres películas eróticas: El ministro, El confesor y El consultorio de señoritas. Las películas y postales pornográficas eran de buen gusto, de gente bien hasta que llegan a las trincheras y las iglesias luterana, anglicana y católica las consideran un peligro y un pecado.
–¿A Churchill le dan el Nobel de Literatura porque no podían darle el Nobel de la Paz?
–Su objetivo era que Estados Unidos entrara en la guerra. El hundimiento del Lusitania lo precipita, el detonante fue el telegrama de Zimmerman al embajador alemán en México ofreciendo a ese país Arizona, Tejas y Nuevo México si invadían Estados Unidos.
–Sale una chica de su pueblo.
–En el Cándido de Voltaire también aparece Aracena.
–Un siglo después, 14-18 coincide con la crisis catalana...
–A finales del XIX hablar catalán era una cosa vulgar, de criadas. Eugenio D’Ors dice que hay que hablar menos de dinero y más de sentimientos. Lo que España no acaba de ver es que lo de Cataluña no es una reivindicación económica más. Ahora el Estado pone el seny, y los catalanes, dos millones de catalanes, son los castizos, los españolazos, los cojones de Espartero, el golpe de Pavía. Se invierten los términos. En la Gran Guerra le ponían velas a Dios y al diablo porque había nacionalistas que iban con los aliados y con los alemanes.
–¿Continuará la historia?
–Estoy en la segunda parte, la Sevilla del 16. Mi intención es hacer una radiografía de España en la Primera Guerra Mundial. Las municiones salen de Riotinto. La Fábrica de Artillería de Sevilla facilita a los británicos un quíntuple del armamento que constaba. Mi idea es escribir tres libros.
–¿Cambia esa guerra el modelo de espionaje?
–Hasta entonces, los agentes dependían de las embajadas. Brabo Portillo trabaja para los alemanes y el jefe de la policía de Cartagena para los aliados.
–Tiempos de Alfonso XIII.
–En todos sitios menos en España le reconocen su labor al frente de la primera oficina para acoger cautivos y prisioneros. Con cien mil pesetas y siete personas, salvó al bailarín Nijinsky, al pianista Rubinstein, a Maurice Chevalier. No lo consiguió con el hijo de Rudyard Kipling y en la mediación con los Romanoff.
Anecdotario
Una familia con un editor y un comisario cultural
Segundo de cinco hermanos, el primogénito es Pedro, comisario cultural. El quinto es David, editor de el Paseo. Completan la estirpe Ignacio y Marian. Vivieron en los destinos profesionales de su padre: Arahal, Alcaudete, Córdoba, Sevilla.
Sustituyó al padre Alcalá en el cine-club de Cajasol
Vinculado al cine-club de la Fundación Cajasol, se hizo cargo de la coordinación cuando el padre Alcalá, jesuita y cinéfilo, se cayó y se partió una cadera. Es autor del libro ‘La Primera Guerra Mundial en el cine’
Dos presentaciones de la novela en el mes de abril
‘Luz del 14’ (Caligrama) la presentó el jueves en el Colegio de Abogados. El 23 de abril, día de San Jorge, lo presentará en la Casa de Cataluña de Sevilla. El 1 de junio, en una librería de Barcelona, donde transcurre.
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