El Guadalquivir entra en Tocina por La Playita y obliga a desalojar una residencia de mayores por precaución
El alcalde estuvo hasta las cinco de la madrugada supervisando la barriada de San Antonio, que es la zona a la que afectan "todas las riadas"
El delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla y las delegadas territoriales de Salud e Inclusión Social coordinan el traslado de 36 usuarios del centro de la Soledad
El paso de la borrasca 'Marta' por la provincia de Sevilla, en directo
La borrasca Marta ha decidido competir de tú a tú con Leonardo y la provincia de Sevilla vuelve a estar bajo la amenaza de inundaciones en varios núcleos urbanos. En el de Tocina, de hecho, ya no es sólo una amenaza sino que se ha convertido en realidad. Lenguas de agua marrón procedentes del Guadalquivir estado entrando ya en el barrio de San Antonio, que siempre es víctima de las riadas, y casi han cubierto del todo el campo de ciruelos que precede al barrio de la Soledad. Allí está la residencia precisamente llamada Nuestra Señora de la Soledad, que ha sido desalojada por precaución aunque, a decir de más de un vecino, "esta riada hasta ahí no llega".
Llegue o no llegue el agua, la Junta de Andalucía activó desde primera hora de la mañana el protocolo para salvaguardar la integridad de las 36 personas mayores que residen en el centro de Fonserrana. A diez de ellas fueron a recogerlas sus familias, pero las otras 26 han sido reubicadas en otros centros de la capital o de la comarca: ocho se fueron a Cantillana (seis a San Nicolas y dos a Samu); dos se trasladaron a La Mina, en Villanueva del Río y Minas; siete a Alconchel, en Mairena del Alcor; y nueve a una residencia del Parque Alcosa. Había una usuaria de movilidad nula, 28 que necesitan silla de ruedas y siete que se valen por sí mismas.
El desalojo fue supervisado por el delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía en Sevilla, Ricardo Sánchez, en compañía de Silvia Pozo, delegada Territorial de Salud; María Luisa Cava, delegada territorial de Inclusión Social; Mario Pérez, director provincial del 061; y José Antonio Hornillo, jefe de servicio de Protección Civil en Sevilla.
"Al estar la residencia en una zona inundable, la Dirección General de Mayores tenía un plan de contingencia y contactó con centros cercanos para reubicar a los mayores", comentaba el delegado de la Junta, que también destacaba la "gran labor preventiva" realizada en los días previos para no improvisar ningún detalle. Junto a un azulejo con la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, la delegada territorial de Salud abundaba en esa labor. "El Servicio Andaluz de Salud ya había recogido información sobre todos los usuarios", apuntaba Pozo.
Detrás de la residencia, junto a la parroquia de la Soledad, Juan Miguel Espinosa oteaba el horizonte del río Guadalquivir desbordado sobre los campos de ciruelos adyacentes al recinto. Con el agua a unos 50 metros de distancia, su pronóstico era que "esta riada no llega hasta aquí". Y eso que el pueblo no goza ya de la pequeña protección que les ofrecían un par de "canales viejos" que suavizaban un poco la saturación de agua en épocas de pluviosidad extrema. "Ahora llega el agua del arroyo Corbones y el río se sale por la curva de La Playita", contaba. Esa zona de meandro era frecuentada "cuando éramos jóvenes" como área de baño, de ahí el nombre que recibe. Y por ahí "se ha desbordado siempre" el Guadalquivir, decía Juan Miguel, que trabajó muchos años en el Ayuntamiento y ahora lleva casi una década en Aguas del Huesna.
Juan Luis Lucas, vecino del número 21 de la calle San Antonio, recordaba "cinco o seis riadas". "La peor fue en el 96. Llegó hasta donde está aquel vecino allí a lo lejos", decía mientras señalaba a un hombre que caminaba en el cruce de esa vía con la calle Soledad, a unos 100 metros de distancia. Este viernes al mediodía, el agua llegaba hasta el cruce anterior, con la calle Doctor Julio González Márquez. Eso significa que media calle San Antonio era ya intransitable y que el líquido elemento se metía en muchas viviendas. Para entrar en la de Juan Luis, donde el agua se elevaba hasta la altura de la rodilla, se colocaron cuatro cajas en una pequeña acera por debajo del nivel de la calle, porque lo que había que cruzar ya no era charco sino piscina. Pero un poco más allá no existía margen alguno para acceder a las viviendas sin darse un buen chapuzón.
"Estamos en aviso desde el martes, aunque lo peor empezó el viernes por la tarde. Entonces metimos las cosas en cajas y las tenemos en alto", comentaba también este vecino, que también agradecía el cuidado que han recibido por parte de todas las autoridades. Empezando por el alcalde, Francisco José Calvo, que en la víspera no dudó en visitar la barriada y vigilar que todo estuviese bien. "Se quedó por aquí hasta las cinco de la mañana", revelaba Juan Luis.
La lluvia no ha sido el único problema. La cantidad de litros por metro cuadrado que han caído hasta primera hora de la tarde fue enorme, pero a eso hay que sumarle rachas de viento bastante notorias. El resultado, además de la incomodidad, queda perfectamente resumido en lo que una vecina le decía a otro por la calle de la residencia: "Con 40 de fiebre y en la cama vamos a estar todos mañana".
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