Sevilla

Habla la hostelería sevillana: "Abrir ahora como plantea el Gobierno sería la ruina"

  • Los dueños de bares y restaurantes de Sevilla advierten de que el plan de Sánchez para el sector es inviable por lo mantendrán sus puertas cerradas por el momento

La apertura de terrazas de bares y restaurantes, con muchas restricciones, será el primer paso hacia la 'nueva normalidad'. La apertura de terrazas de bares y restaurantes, con muchas restricciones, será el primer paso hacia la 'nueva normalidad'.

La apertura de terrazas de bares y restaurantes, con muchas restricciones, será el primer paso hacia la 'nueva normalidad'. / Antonio L. Juárez

Los bares y restaurantes sevillanos tienen claro cuál sería el resultado de llevar a cabo el plan de de "desescalada" para el sector que ha planteado el Gobierno de Pedro Sánchez: la ruina. Como ya ha advertido el presidente de la Asociación de Hostelería de Sevilla, Antonio Luque, levantar los ERTE no es compatible con las limitaciones de espacio o aforo que se les pide. Los restaurantes y bares consultados por este periódico revelan cuál será la respuesta general: permanecer cerrados.

"Yo no pienso abrir. La ruina ya la tenemos". Así de rotundo se expresa Mariano García, propietario del Donald, en la céntrica calle Canalejas. Su establecimiento cuenta con 6 veladores en la vía pública. Según el Gobierno, en la primera fase de la "desescalada" sólo podría ocupar dos. Su plantilla es de ocho personas. Las cuentas son claras: "¿Para qué quiero tener dos mesas en la calle si no me dejan trabajar la barra? Lo que no voy a hacer es suicidarme. Yo prefiero estar cerrado y abrir cuando tenga todas las garantías".

El dueño de este restaurante considera que los más prudente económicamente para ellos es esperar porque tiene la certeza de saber lo que cuesta su negocio cerrado. Él presento el Erte de los primeros, el día 15 de marzo, pero advierte que todavía no ha llegado dinero del Gobierno y que ha tenido que echar ya una mano a algunos de sus empleados. "El Gobierno todavía no ha ingresado nada. La gente tiene que comer. Vamos a pensar en  todos los negocios que se van a quedar por el camino. Algunos no pueden aguantar más de dos meses de alquiler".

Este hostelero también cuestiona cuánto cuesta poner en marcha todas las medidas que pide el Gobierno y advierte que puede ocurrir como con la Ley del Tabaco, cuando tuvieron que hacer una fuerte inversión para acondicionar parte de los locales y después se extendió la prohibición de fumar a todo el interior del establecimiento.

Desde el Donald vieron con buenos ojos la posibilidad de poder dar comidas para llevar, algo que les ayudaría a mantenerse a flote: "Creo que es una buena medida que se podría dar hasta final de junio, por ejemplo. Podríamos estar el cocinero y yo dando desayunos y comidas. Así no perdería el contacto con la gente, con los sevillanos que es tan necesario también".

Finalmente, García espera que su negocio pueda sobrevivir a la crisis del coronavirus, pero reconoce que puede que alrededor de un 50% de sus compañeros no pueda hacerlo: "Los que viven más del turismo lo van a tener muy complicado".

Un hostelero que ha descartado automáticamente abrir sólo la terraza y tiene importantes dudas con las siguientes fases es Jesús Becerra, del restaurante Becerrita, en la calle Recaredo. "No veo posible abrir. Económicamente es inviable. Tengo a la plantilla en un ERTE".

Becerra, como todos los hosteleros, tiene sus cuentas muy claras, y no le salen si abre tal y como plantea el Gobierno. Explica que buena parte de su mercado, como el turismo de congresos o las comidas familiares los fines de semana son inviables con las condiciones propuestas. "Me sale que las ventas pueden caer un 60%. Me iría a la ruina en cuestión de meses. Estoy obligado a mantener la plantilla durante seis meses, pero tampoco me ayudaría que me libraran de ese compromiso, porque no puedo prescindir de mucha plantilla".

El propietario de este emblemático establecimiento asegura que la confusión es enorme y que lo que propone el Gobierno generaría problemas muy graves a muchas empresas. "Si estoy cerrado sé lo que pierdo al céntimo todos los meses. Si abro, las pérdidas pasarán a ser un interrogante muy grande y, además, esto llegaría en una temporada baja, como es el verano en Sevilla".

Becerra considera que medidas como disponer sólo de 90 minutos para comer no son viables en un establecimiento como el suyo. En definitiva, espera que el Gobierno matice o rectifique estas indicaciones que sólo perjudican al sector. 

Algo que ha descartado es abrir el restaurante con comida para llevar. Recela, por ejemplo, de la condiciones en las que los platos llegaría a las casas, adema de tener que hacer un desembolso importante para desarrollar unos empaquetados acordes a la experiencia gastronómica de Becerrita: "Económicamente es desaconsejaba. Una vez que estemos abiertos podría ser una alternativa más. Puede estudiarse, pero lo tendríamos que trabajar bien".

Directos al pozo

Las mismas reflexiones y mensajes manda Pedro Sánchez Cuerda, director del Grupo La Raza, que cuenta con diversos establecimiento diseminados por la ciudad. "Tenemos que ser responsables con nuestros empleados y con la gestión de la empresa. Con las medidas del Gobierno en ningún caso podemos abrir y pagar nuestros gastos fijos. Sería meternos en un pozo", indica.

Sánchez Cuerda, por ejemplo, cree que el Gobierno debe ser claro con respecto a las medidas sanitarias y de seguridad que deben incorporar bares y restaurantes, además de ofrecer ayudas para poderlas llevar a cabo: "Tenemos muy presente lo que pasó con la Ley del Tabaco, cuando muchos hicieron una gran inversión que se tiró a la basura. Vemos llegar ahora otra ola así en un momento en el que las empresas no tienen dinero. Lo ideal sería que hubiera subvenciones y que el tiempo de aplicación sea razonable para amortizarlo".

El director de la Raza, finalmente, opta por la prudencia y no abrirá sus negocios al menos hasta que no se aclare la normativa: "No es abrir por abrir".

Cerrados hasta el 3 de septiembre

Un establecimiento que cerró sus puertas el Jueves Santo y anunció que no volverían hasta el 3 de septiembre es la Antigua Abacería de San Lorenzo. Su propietario, Ramón López de Tejada, considera que un negocio que cuente con empleados tienen prácticamente imposible abrir, aunque estima que a los que sean familiares les puede venir bien la apertura.

La decisión de cerrar hasta después del verano (normalmente cierran por vacaciones en junio y julio) la tomaron tras la nefasta experiencia con la crisis de 2008: "Al principio hemos tenido abierta la tienda y dábamos comida para recoger y llevar a domicilio, pero en cuanto vimos que la situación se alargaba vimos que lo mejor era quedarse quietos".

López de Tejada cree que estar cerrados hasta septiembre les va a servir para conocer cuáles son las medidas definitivas que tienen que tomar: "Veremos cuál es la evolución de los clientes. Todos conocemos a gente muy asustada. La incertidumbre es absoluta".

En definitiva, estos testimonios ponen de manifiesto cuál es la respuesta de la hostelería sevillana a la apertura promovida por el Gobierno: abrir ahora sólo les llevará a la ruina.

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