Muere Miguel Fernández de los Ronderos, antiguo profesor del Colegio San Francisco de Paula

Obituario

Don Miguel perteneció a ese selecto club que hacía despertar nuestra curiosidad y nuestro interés hacia lo que nos explicaba

Muere Miguel Fernández de los Ronderos, antiguo profesor del Colegio San Francisco de Paula / M. G.
Enrique Becerra
- Hostelero

05 de mayo 2023 - 17:49

Muchas veces nos llega la noticia del fallecimiento de alguien al que hacía mucho que no veíamos y es entonces cuando, de golpe y porrazo, nos percatamos de lo importante que dicha persona fue en el devenir de nuestras vidas. Ellos nos ayudaron a ser lo que somos.

Hoy me desayuno con la noticia de la muerte de don Miguel Fernández de los Ronderos, mi profesor de francés de todo el bachillerato en San Francisco de Paula. Automáticamente se me vinieron a la cabeza los clichés de su imagen docente; cargando con un enorme magnetofón para saber escuchar nuestro idioma vecino; entrando en la clase, todos los alumnos de pie, y dirigiéndose a su mesa (“Asseyez-vous, asseyez-vous”) agitando sus manos como si fuesen alas.

Sus clases eran amenas e interesantes; estábamos deseando que llegaran, como las de don Juan Plata en Primaria o las de don Luis Rey Romero en el laboratorio de química. Don Miguel perteneció a ese selecto club que hacía despertar nusetra curiosidad y nuestro interés hacia lo que nos explicaba; nos hacía partícipe de todo.

Fui consciente de todo ello a posteriori, cuando, recién cumplidos los veinticinco años, me casé. Ni mi mujer ni yo habíamos salido nunca de España y tuvimos claro que nuestra luna de miel sería por París e Italia. Seis días por la ciudad de la luz sin planes preconcebidos. La pateamos a conciencia. Yo estaba sediento de París; tantas veces la había imaginado…

De todos los buenos recuerdos de aquel viaje me quedo con el del primer día. Dejamos las maletas en nuestro hotel de la Rue Cambon y nos lanzamos a la calle, a la Place de la Concorde, y allí, a los pies del obelisco, girando mi cuerpo y mi vista lentamente, se me aparecieron todos mis fetiches de París tantas veces soñados: El Louvre, las Tullerías, el arco del Carrusel y el del triunfo, el Sagrado Corazón allá a lo lejos, los Campos Elíseos, la cúpula dorado de los Inválidos, Orsay… Yo era un joven de provincias en su primer viaje al extranjero, pero me sentí extrañamente cómodo, como si ya hubiese estado allí antes.

A las cuarenta y ocho horas de haber aterrizado en Orly me percaté de que París ya estaba dentro de mí antes de haberlo pisado y de que, sin ser consciente de ello, sabía mucho más francés de lo que imaginaba. Ya no eran frases en un libro o en una cinta magnetofónica, sino situaciones reales y cotidianas. En definitiva; me encontré como en casa, y todo ello fue posible gracias a un profesor que amaba lo que hacía y sabía inculcarlo.

Muchas gracias, don Miguel.

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