Mucho pan, amor y fantasía
Calle Rioja
Recuerdo. En el inicio del festival de Cine Europeo, el hijo cineasta de Paco Millán, que dirigió el primer certamen, recuerda aquel carrusel de películas de octubre de 1980
EN el comité de honor había dos referencias que ya son patrimonio de los historiadores: la UCD, representada por el ministro de Cultura del Gobierno de Adolfo Suárez, Íñigo Cavero Lataillade, y el gobernador civil, Isidro Pérez-Beneyto. El primer Festival Internacional de Cine se celebró del 20 al 26 de octubre de 1980.
Francisco Millán (1936-1994) fue el director de aquella edición pionera. Un sevillano que ejercía la crítica teatral y cinematográfica. "Yo iba al cine y al teatro con mi padre, y de niño me llevaba con él a ver películas de Fellini", dice Paco Millán Romero (1969), un niño de 11 años que vivía en el Polígono San Pablo y estudiaba en el Colegio Aljarafe cuando se hizo el festival. Su director tenía dos hijos más: Daniel, 7 años, hoy operador de cámara al que Pilar Miró se llevó a Barcelona para hacer la boda de la infanta Cristina, y Delia, psicóloga.
Tuvo crisis, diferentes formatos y ahora en el modelo de Cine Europeo lleva ya seis ediciones. "Ese festival lo hizo gente de la vieja escuela, con unos secretos de oficio que ya no se traspasan y no se compran con dinero. Ese festival, que la industria acogió con los brazos abiertos, acabó por las rencillas políticas y el exceso de ambición".
Suplantando con ilusión la falta de medios, la última semana de octubre de 1980 pasaron por Sevilla Otto Preminger (estrenó El factor humano, adaptación de la novela de Graham Greene), Luigi Comencini y Paul Mazursky, aunque todos ellos fueron eclipsados por la presencia de Sylvia Kristel, que venía para avalar una película de culto, Misterios, basada en una novela del danés Knut Hamsun. Su llegada al aeropuerto de Sevilla fue apoteósica. "A Enmmanuelle no me dejaron verla", recuerda el hijo del director.
El programa incluyó epopeyas modernas: Siberiada, de Andrei Konchalovski, Kagemusha, de Akira Kurosawa, o El árbol de los zuecos, de Ermanno Olmi. Aunque vinieron películas de Billy Wilder, Andrzej Wajda, Francesco Rosi y un ciclo de John Huston, el director del que más tinta vertieron los periódicos fue un cineasta que sólo dirigió una película. Fernando Ruiz presentó la cinta Rocío, guión de Ana Vila, su mujer. Después de su exhibición, la película fue secuestrada y el director se autoexilió a Portugal. Su destino lo llevaba escrito en la productora: Tangana Films.
Se presentaron películas de José Sacristán, Charo López o Victoria Abril (Mater Amatisima) y José Luis López Vázquez encabezaba el reparto de La verdad sobre el caso Savolta, sobre la novela de Eduardo Mendoza, encarnando al detective Pajarito de Soto. Pilar del Río, esposa de José Saramago, cubrió el Festival como periodista y como actriz en Tierra de rastrojos, de Antonio Gonzalo.
Aquel niño de once años le debe todo lo que sabe a aquel padre que dirigió un festival en tiempos muy convulsos. "A la industria le gustó el sitio y la tranquilidad, la situación en el País Vasco era muy difícil y Sevilla sonaba como alternativa al festival de San Sebastián", dice Paco Millán. Cuatro meses después del festival se produjo el 23-F, hoy objeto de festivales televisivos. "Recuerdo que en el protocolo había muchos militares".
29 años después, este festival que tuvo formatos de cine y deporte, música de cine (aquel octubre de 1980 hubo películas con música de Sergei Prokofiev, Miklos Rozsa, Ennio Morricone o Vangelis) y ahora cine europeo es deudor de aquellos aventureros que recogieron el testigo del Cine Club Vida. Uno de sus fundadores, Carlos Gortari, formaba parte del comité de honor como director general de Cinematografía.
El primogénito del director del primer festival sigue con el oficio y después de firmar trabajos con la productora Omnibus y en solitario, rueda en el pabellón de la Energía un documental sobre la película de Carlos Saura Flamenco Flamenco, con fotografía de Vittorio Storaro. "Es como una segunda piel de la película".
Ese sueño cinematográfico que trajo en la pantalla a una Brooke Shields fotografiada por Néstor Almendros tuvo mucho de Pan, amor y fantasía, una de las películas más populares de Comencini.
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