Al son del ritmo latino

Tangos, bachatas y merengues sonaron ayer en el Casino de la Exposición con motivo del II Festival de Baile de Salón

Uno de los talleres de animación desarrollado ayer durante el festival.
Uno de los talleres de animación desarrollado ayer durante el festival.
Cristina Díaz

18 de octubre 2009 - 05:03

El Casino de la Exposición se convirtió ayer en una auténtica pista de baile durante 12 horas. Pasodoble, bachata, tango, merengue, todos los estilos tuvieron su momento de gloria en el II Festival de Bailes de Salón.

Adolescentes, matrimonios, familias con niños pequeños y algunos turistas curiosos con sus mochilas al hombro fueron entrando en el recinto a partir de las 12:00. Aún no había empezado el certamen y ya había gente que, desde sus asientos, movían los brazos al son de la música. Media hora más tarde, uno de los monitores daba el pistoletazo de salida al festival con un taller de bachata y cerca de 40 personas se levantaron de sus asientos dispuestos a darlo todo en la pista de baile.

Antonio Murillo era uno de ellos. Sólo lleva un año dando clases pero ya consigue defenderse con cierta soltura. "El baile me ayuda a fortalecer las piernas y a ejercer la mente al memorizar los pasos", explica Antonio, un apasionado del bolero. Junto a él se encuentra Lola Mollare, a quien Antonio acaba de conocer. "Otra de las cosas buenas del baile es que te relacionas con otras personas, haces nuevas amistades", comenta Antonio.

Por su parte, Lola admite que lo suyo es el teatro pero que está "obligada" a bailar. "Mi pareja es profesor de baile así que no me queda otra", asiente risueña.

Sin previo aviso, un nuevo registro musical suena por los altavoces y la conversación se corta. "Tenemos que irnos, ahora toca tango", se disculpa Lola. Milton y Romina, una de las parejas de baile más reconocidas están a punto de comenzar su taller.

El tango argentino es uno de los bailes que más pasiones levantó entre el público y el número de bailarines aficionados aumentó. Aunque no son profesionales, disfrutan bailando, sin pudor o vergüenza.

Es el caso de Loli Caballero y José Jiménez. Este matrimonio de 70 y 67 años, respectivamente, dejó ayer claro que el baile no tiene edad. Durante varios minutos se marcaron un tango con una soltura que muchos envidiaron y, cuando José inclinó a su esposa de espaldas, dejándola a apenas un metro del suelo, los aplausos no se hicieron esperar.

"Aquí los complejos no existen, la vergüenza desaparece, todos somos iguales", opina Olga Vega, una espectadora, tras observar al matrimonio. "Me quito el sombrero".

Loli y José aprendieron a bailar hace cinco años. Sólo estuvieron un curso pero practican todos los fines de semana en el Centro Cívico del Cerro. "Siempre me ha gustado el artisteo", comenta alegre Loli a la vez que explica por qué no siguieron dando clases. "El profesor que nos gustaba no quería a personas mayores", comenta con resignación.

Algo más tarde, fue el turno de la primera exhibición a cargo de Milton y Romina. Unos movimientos casi imposibles dejan al público con la boca abierta. "Las piernas parecen que son de goma, es como si no tuvieran rodillas", comenta una de las espectadoras. Ambos se deslizan por el suelo como si de una pista de hielo se tratase. Giros, portés, cruces de piernas son la antesala de un aluvión de aplausos.

Distintas academias de baile mostraron sus mejores movimientos a lo largo de la tarde, incluso algunas de estilos más juveniles como Sevilla Dance Center. Los profesores y alumnos de Doble Giro, Baile Clamor, la asociación Déjate Llevar, Merecube o Salsa Picante fueron otros de los participantes.

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