Plaza de España · Canarias

De rodillas, que sube Bahamontes

  • Juan, Elisa, Belén, David y Paloma Fernández-Viagas. El primer presidente de la Junta de Andalucía fue juez durante diez años en Canarias. Allí nacieron seis de los once hijos de Plácido.

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LOS dos aniversarios del puente le conciernen. Cuando se proclamó la Constitución, Plácido Fernández Viagas (Tánger, 1924-Madrid, 1982) era presidente de la Junta de Andalucía. Cuatro años después, el día de la Inmaculada de 1982, recién estrenado el gobierno de Felipe González, muere siendo miembro del Tribunal Constitucional.

Con sus tres hijos tangerinos -Plácido, Dorila, Santiago- llega en 1955 a la isla de La Palma, su quinto destino como juez. Allí está cinco años y nacen cinco hijos: Juan, Elisa, Olga, Belén y David. En 1960 lo destinan seis meses a Huelva y cinco años a Cádiz. Viven en el hotel Roma y nacen César y Blanca. Con Elisa, su esposa castellana a la que conoció en Tánger, y con sus diez hijos, regresan a Canarias en el barco Ciudad de Cádiz. En Santa Cruz de Tenerife nace Paloma.

Llegan a Sevilla en 1970, década que vive de forma trepidante. En 1977 es el senador más votado; en mayo de 1978, en Cádiz, primer presidente de la Junta de Andalucía. En 1980 entra en el primer Tribunal Constitucional. De los once hijos, un juez, Plácido, letrado del Parlamento Andaluz. Ningún médico, "somos todos hipocondriacos", dice Juan, el mayor de los palmerinos.

De La Palma, "una isla muy liberal", salieron muy niños; cuando vuelven, visitan la iglesia del Salvador en la que se bautizaron, el bar Sputnik al que le puso el nombre su padre en homenaje a la nave rusa; el colegio de los Escolapios en el que Juan, con 14 años, contaba que su abuelo Plácido fue el único muerto en el terremoto de Sevilla de 1969. "En realidad, murió de un infarto, era tan fumador como mi padre". Los tres hijos tangerinos aparecen en el álbum familiar en la misma Plaza de España a la que acuden cinco de sus seis hijos canarios.

Su padre nunca fue un político al uso. En La Palma ejerce el periodismo, "fue de los fundadores del Diario de Avisos y también colaboró en El Día y La Tarde". Hizo teatro, dirigiendo Llama un inspector, de Priestley, o La casa de los siete balcones, de Alejandro Casona, con su esposa de primera actriz. Todos los años redactaba un testamento y fue el mejor profesor de sus hijos. A Belén y Elena les daba clases de Formulación Química; a Juan, de Francés; a Plácido y Santiago, abogados, el repaso de nociones de Derecho en Nova Roma, la cafetería de Los Remedios que convierte en despacho oficioso cuando sus hermanas Olga y Dorila, con las que compartió alojamiento en el hotel Inglaterra en tiempos de estudiante, les buscaron un piso de alquiler en la calle Asunción.

"Siempre hemos vivido mirando al mar", dice David, "en La Palma, en Cádiz, en Tenerife; en Sevilla veíamos el río Guadalquivir". El mismo que surcaron a bordo del Plus Ultra en una de las primeras incursiones. Plácido, el mayor de los once, ya venía de Canarias con estudios universitarios e inquietudes políticas. "Militaba en las Juventudes Comunistas, lo tenían fichado y al llegar a Sevilla lo detuvieron", recuerda Juan. Lo detuvieron en plena Nochebuena. "En casa siempre se ha vivido muy intensamente la Navidad y mi padre dijo que hasta que no saliera Plácido no quitábamos el árbol y estuvo puesto hasta febrero".

David ha sido el único que por razones laborales volvió a Canarias. Es funcionario de Correos, el oficio de su abuelo Santiago, el suegro del primer presidente de la Junta, un hombre que sobrevivió de largo a su yerno y murió con 93 años. Plácido vivió el esplendor tangerino de la mansión familiar en el Bulevar Pasteur. La víspera de su muerte trabajaba en su última sentencia. Con una jefa de prensa jovencísima (Lola Cintado, 20 años), con el leal Anarte, su chófer, viajó a Barcelona y con Tarradellas pasó revista a los mossos d'esquadra. Puro espejismo. Sus hijos recuerdan a este godo culto, aficionado a los toros, seguidor del Betis y del Bilbao "como muchos marroquíes", incondicional del ciclismo, "en el Tour nos decía: de rodillas que sube Bahamontes", contertulio de un programa de La Clave con Torrente Ballester igual que su hijo mayor fue a Cesta y Puntos.

Un hombre marcado por dos mujeres: Dorila Viagas, su madre, que aparece en la novela La vida perra de Juanita Narboni de Ángel Vázquez, tangerino que ganó el Planeta, y Elisa Bartolomé, la muchachita de Valladolid "que era la más hermosa de La Palma y eso que allí las mujeres tienen fama de guapas y los hombres de locos", dice David. El día que murió, mañana harán 32 años, dos años después que John Lennon, se pararon los relojes en su casa. "Todos los días les daba cuerda a los relojes de todos". Paloma, la pequeña, tenía 16 años. Dejó 19 nietos, tres de ellos Plácido, y fue Plácido de Berlanga en una Andalucía de Buñuel.

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