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Liga de Campeones | Sevilla-Leicester

Esto es fútbol, no humo embotellado (2-1)

  • El Sevilla, como era previsible, tendrá que sufrir en Leicester para alcanzar los cuartos de final al encajar un gol de Vardy en la única jugada en la que se despistó

  • Los blancos llegaron a desperdiciar un penalti

El Sevilla tendrá que sufrir en Leicester para alcanzar los cuartos de final de la Liga de Campeones. Eso era lo previsible para todo aquel que no sea un iniciado en el fútbol por mucho que muchos, tanto sevillistas como quienes no sienten esa pasión balompédica, intentaran menospreciar al actual campeón de la Premier inglesa y así sucedió durante el primer asalto de esta eliminatoria. El cuadro de Sampaoli, esta vez de Lillo, lo tuvo todo para dejar liquidado el cruce al calor de los suyos, pero los hombres de Ranieri sacaron el máximo rédito a la única llegada que tuvieron a las cercanías de Sergio Rico.

Pero es que así es el balompié y quien quiera explicarlo de otra manera seguro que está vendiendo humo embotellado. No en vano, el Leicester se proclamó campeón de la Premier precisamente de esta manera, sacándole todo el jugo a las escasas llegadas al área rival que protagonizaba. Es el más puro estilo italiano que tan bien ha manejado Claudio Ranieri a lo largo de su longeva carrera, explotar la velocidad arriba para asestar los golpes en los momentos justos y saber parapetarse atrás para protegerse.

Justo eso fue lo que hizo el Leicester, favorecido además por la eficaz actuación de Kasper Schmeichel, su guardameta, pero es que el danés estaba para eso, para evitar que Jovetic y compañía les marcaran más goles de la cuenta. El Sevilla llegó a sentirse ganador y falló cuando tenía todos los ases en la mano, lo que fue castigado por Vardy.

Que sí, que sé perfectamente que fue la única vez que el Leicester llegó a puerta junto a un empalme en el borde del área de Ndidi sin peligro para Sergio Rico, pero es que Vardy metió la pelota dentro de la portería y le echó un jarro de agua fría a todo el Ramón Sánchez-Pizjuán, que no fue capaz de digerir esta acción puntual del Leicester.

Todo sucedió en un partido en el que el Sevilla había sido fiel a la filosofía de fútbol que pregona un Jorge Sampaoli que parecía un león enjaulado en uno de los palcos vips del estadio nervionense. Los blancos se dedicaron a tocar y tocar la pelota en pos de abrir a la tosca defensa inglesa, pero lo hicieron a una velocidad excesivamente lenta, con el temor metido en el cuerpo a la peligrosidad que podían tener las contras del adversario. Siempre parecía que sobraba un pase, un toque del balón para asegurarlo, y eso fue en detrimento de la capacidad de sorpresa ante una zaga que padece, sobre todo, cuando le llegan con celeridad.

Y esto fue lastrando al fútbol del Sevilla, en el sentido global, aunque si se desmenuzan las fases del juego está claro que éstas iban a ser favorables a los anfitriones. El fútbol no tenía que ser brillante siquiera para que los nervionenses adquirieran ventaja en el marcador. Ya lo pudieron hacer al filo del cuarto de hora, pero Correa, la gran apuesta de Sampaoli/Lillo en el once inicial, desperdiciaba un penalti que él mismo se había fabricado para que lo derribara el fornido Morgan. Es cierto que los máximos castigos los fallan quienes los tiran, pero quedó una sensación un tanto extraña cuando el último en entrar en el equipo, Correa, cogió la pelota para lanzarlo. Fue como cuando en el colegio se proclamaba a voz en grito que "el penalti lo tiro yo porque me lo han hecho a mí".

Lo cierto es que el joven Correa tuvo la valentía de coger la pelota, pero su rostro delataba que no estaba seguro de nada antes de lanzarlo. Y lo tiró blandito a las manos de Schmeichel. Lo más raro es que Sarabia, por citar a uno de los que han lanzado penaltis con acierto, estaba sobre el campo. Preguntas al aire, aunque lo cierto es que el Sevilla había desperdiciado una gran oportunidad, sobre todo cuando se trata de una eliminatoria, no de pelear por tres puntos en un determinado litigio.

El Sevilla pareció aturdido durante un pequeño tramo, pero no dio un paso atrás a la hora de seguir tocando el balón, con menos riesgos de los habituales eso sí. Nasri bajaba muy atrás por la pelota y la desplazaba de manera parsimoniosa hasta que ésta llegaba a una de las dos bandas y ahí sí metían los anfitriones una marcha más. Precisamente en una acción así se produjo la conexión Getafe. Escudero lanzó un centro perfecto y tenso para que Sarabia rematara picado imposible hasta para Schmeichel en su inspirado día.No estaba mal ese 1-0 en el minuto 25, pues en teoría eso debía obligar al Leicester a abrirse. Craso error, los equipos de Ranieri no entienden de eso y siguen ajustándose a las directrices marcadas sin descubrirse jamás.

Otra buena parada de Schmeichel a Correa fue lo único antes del intermedio. Y después de ese tiempo de asueto el Leicester pareció más metido a la hora de hostigar la salida del balón blanquirroja. Ranieri se llevó a Mahrez a la derecha y cuando apretaban Vardy y Musa el riesgo de pérdida era algo mayor para el Sevilla, sobre todo para un Mariano demasiado impreciso en ocasiones. Pero N'Zonzi tomó de nuevo las riendas y los locales aprovecharon que, ahora sí, el campeón inglés comenzaba a correr más riesgos.

Hasta que Sarabia conectó con Jovetic, el montenegrino destapó, una vez más, el tarro de las esencias y le sirvió el gol a Correa apenas sobrepasada la hora de fútbol. El Sevilla sí había hecho gran parte del trabajo, pues un dos a cero sí era un resultado con un colchón mullido para visitar el coqueto King Power Stadium. Pero no basta con toquetear el balón, con manosearlo, el fútbol exige un ciento por ciento de concentración y la zaga de Sampaoli/Lillo se despistó una vez para que Vardy la castigara. Pese al postrero cabezazo de Rami al larguero, punto final a este primer asalto, el Sevilla lo tendrá difícil para estar en cuartos, lo lógico en definitiva, lo contrario era humo embotellado. Eso sí, partirá con un gol de ventaja.

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