Sevilla - leicester | informe técnico

Al baile de Sampaoli le faltó fondo

  • El juego por abajo y velocidad hicieron daño a una lenta y rígida zaga, pero sólo a ráfagas.

  • El rival fue ganando el pulso físico y privó al Sevilla de percutir más.

  • La lesión de Lenglet fue clave.

La pizarra del Sevilla. / FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía La pizarra del Sevilla. / FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía

La pizarra del Sevilla. / FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía

La calidad física también cuenta, claro que cuenta. Y fue por ahí por donde el Leicester se coló en un partido que evidenció la superioridad sevillista en lo primordial, en tratar bien la pelota con los pies. La gente del ataque -Nasri el primero, pero también Vitolo o Jovetic- perdió sus reservas de gasolina antes que sus pares de azul, también los laterales, Mariano y Escudero, fueron perdiendo en la segunda parte sus pulsos en unos costados que dominaron con claridad hasta el intermedio. Esa pérdida de fuerzas tuvo mucho que ver en que el Sevilla no sostuviera su acertada propuesta de jugar por abajo, con dinamismo y negándole las referencias ofensivas a la lenta y rígida zaga inglesa. Atacó de más a menos y al final echó de menos más acierto en alguna más del puñado de ocasiones que tuvo mientras traducía en peligro su superioridad técnica.

Defensa

Ranieri dispuso a Mahrez como pieza ofensiva más cercana a Vardy y trató de sorprender con la velocidad de Musa por fuera, pero en la primera parte el Sevilla se replegó con mucha solvencia, sostenido por el gran trabajo de Rami y Lenglet a campo abierto, anticipándose a las maniobras de los ingleses. También Mariano y Escudero guardaron sus espaldas mientras estuvieron frescos. Y por dentro, N'Zonzi se bastó para cerrar.

En un partido de tal calado, las concesiones atrás resultan fatídicas y los zagueros blancos se cuidaron de correr más riesgos de los necesarios en la salida del balón. Lenglet, en especial, desahogó.

No obstante, la segunda parte ya empezó torcida. Un par de dudas en el inicio de las jugadas en corto despertaron los nervios en los sevillistas, que encima perdieron pronto a Lenglet. Tuvo que entrar Carriço, único central específico disponible ya, y el portugués salió en la foto del gol de Vardy, al llegar tarde a interceptar el envenenado pase corrido de Drinkwater. Por entonces, con el 2-0, el Sevilla jugaba con las líneas demasiado abiertas ante un rival con más brío y que se imponía en balones divididos.

Ataque

El plan era el acertado. Sacudir a una zaga poco dinámica abriendo el campo con Vitolo hacia dentro para abrir el espacio a Escudero, con Mariano jugando al tuya-mía con Sarabia y el madrileño colgando peligrosos centros con el efecto hacia dentro o irrumpiendo en zona de remate desde la banda, como en su gol. Con Nasri tratando de inventar en ese triángulo interior con Jovetic y Correa -ambos crecieron con el Leicester más expuesto- , bajo constantes permutas. Todo muy lúcido sobre el papel si hay más acierto en la definición, primero, y si hay fondo para sostener la propuesta y percutir una y otra vez.

Virtudes

El resultado es corto para sus méritos, pero es un triunfo al fin y al cabo y en Inglaterra disfrutará de espacios ante un enemigo que, no se olvide, es inferior.

Talón de aquiles

Jugadores vitales como Nasri o Vitolo no tuvieron la chispa necesaria para insistir e insistir y que el Leicester claudicara.

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