Valencia CF-Sevilla FC | Contracrónica

El miedo al error provocó el temido error

  • El Sevilla desperdició en Mestalla una gran ocasión para alejar más a un Valencia al que hirió sin rematarlo

  • Andre Silva ‘rebaja’ su alta cláusula fallando un gol casi a puerta vacía y con otros yerros menos visibles

Sarabia alza el puño para celebrar su gol, que valió un punto. Sarabia alza el puño para celebrar su gol, que valió un punto.

Sarabia alza el puño para celebrar su gol, que valió un punto. / Kai Försterling / EFE

"El Valencia tiene grandes individualidades, pero los resultados los fraguan los colectivos". La frase es de Pablo Machín y el fútbol se la afeó. El Sevilla se comportó muy bien como colectivo, pero los errores individuales, empezando por los miedos del propio Machín, tumbaron el trabajo en común en Mestalla. Bueno, tumbarlo, no; afearlo, sí. Porque el Valencia-Sevilla tenía un clarísimo signo de 2 en la Quiniela a poco que hubiesen estado menos amedrantados por el miedo al error el técnico y algún que otro jugador.

En el fútbol, cuando un error es decisivo es porque el contrario ha sabido aprovecharlo con una acción meritoria. Al Valencia lo salvaron los postes antes de que lograra el empate en el minuto 92, con el público de Mestalla ya afilando los cuchillos contra Marcelino y Peter Lim. En la balanza de méritos y errores, el Sevilla puso tantos pesos en el plato positivo como en el negativo. Y de su pusilanimidad a la hora de decantar el fiel de la balanza se aprovechó el Valencia con una buena acción atacante: el golpeo de Parejo, un especialista consumadísimo, y la fuerza y la fe de Diakhaby.

Ese gol en el minuto 92 no debe deshacer el edificio que había levantado el Sevilla de Machín hasta ese momento. Como otras veces, supo madurar el partido para golpear y zaherir al rival en el momento idóneo. El problema es que el fútbol también vive de individualidades, no sólo del colectivo. Y las individualidades que tanto temía Pablo Machín salieron a escena en el momento más amargo por los errores propios acumulados.

Muriel no debió cometer esa falta sobre Wass en el minuto 91. Pero es que Muriel no estaba en su sitio. De hecho, no salió para rematar al Valencia, sino para ayudar a amarrar el resultado. Se lo vio demasiado por la zona del lateral valencianista hasta que metió la pata. Era el sitio natural de Amadou, el interior izquierdo que salió por el Mudo –Machín no quitó a Banega de su sitio preferido, el pivote–, pero el francés salió para tapar a Parejo, el especialista del rival. Ésa fue la misión de Amadou.

El error de Pablo Machín fue producto quizá del miedo del neófito. Otro técnico más curtido quizá hubiera olisqueado la pólvora de Mestalla: había que terminar de encender la mecha, no dejarla medio encendida. Porque si algo tiene el Valencia son individualidades que pueden tumbar el trabajo colectivo.

En este relato de aciertos y errores hay que reseñar como epílogo el buen hacer de Promes, en el carril diestro, acertadísimo en todas sus decisiones, aunque no le saliera todo, y el mal hacer de Andre Silva, mal casi siempre. Promes fue valentísimo, en defensa y en ataque. Y La joven promesa lusa, en cambio, rebajó su alta cláusula. El principal yerro de Andre Silva fue el tiro al palo a puerta vacía. Y no tapó a Diakhaby en el gol. Pero hubo más. Malas decisiones individuales. El colectivo no salió triunfador por esos miedos individuales.PS: Vaclik también es humano.

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