La pista que permitió a los Mossos incriminar a la ‘Viuda negra’ de Godelleta
La acusada de haber asesinado a su marido con una enfermedad degenerativa mantiene que lo ayudó a morir porque esa era su voluntad.
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El juicio por el asesinato de Isaac Guillén en diciembre de 2019 se está celebrando tres años más tarde en la Ciudad de la Justicia de Valencia con jurado popular.
En él han tenido que declarar la acusada, los médicos forenses, los mossos que encontraron el cuerpo y el hijo de la víctima, que ya cumplió una condena de dos años por ayudar a su madre a perpetrar el crimen.
Beatriu, que se enfrenta a la cadena perpetua revisable, ha defendido en todo momento que su marido quería morir y que ella solo lo asistió, ya que padecía una enfermedad degenerativa que le impedía la movilidad. Sin embargo su argumento no casa ni con lo que arroja la autopsia ni con las condiciones en las que encontraron el cadáver.
Éste había sido enterrado en una zanja de una propiedad que la mujer alquiló dos meses antes, lo había envuelto en una manta y estaba cubierto de sosa caustica. Fue este detalle, de hecho, el que permitió a los investigadores saber que a Isaac lo habían asesinado y habían tratado de hacerlo desaparecer.
Sin embargo, gracias a que el cuerpo estaba en el interior de la tierra, envuelto en la manta y con sosa caustica alrededor, se crearon unas condiciones que actuaron como una especie de aislante que permitieron que se conservara en buen estado. Con ello, la autopsia que se le realizó dio mucha información sobre cómo había muerto Isaac.
Durante el juicio Beatriu defiende que primero le administró unos fármacos que, en teoría, le podrían quitar la vida, pero esto no fue así. Por ese motivo, la acusada lo metió en el coche y abrió una bombona de butano, pero al ver que su marido no moría lo acabó estrangulando con el cordón de un zapato en presencia de su hijo.
Sobre si se usó o no la bombona no se puedo saber con certeza con la autopsia, pero el estudio sí determinó que el hombre había sido agredido previamente a su fallecimiento. Posiblemente Beatriu le asestó varios golpes, lo que tumbaría cualquier posibilidad de auxilio al suicidio.
Respecto al uso de la sosa caustica, la acusada remarcó que la había comprado para acabar con unas malas hierbas que había en el terreno que había alquilado, pero que no pretendía hacer desaparecer el cuerpo de su marido. La sosa caustica no provocó la descomposición del cadáver porque no estaba mezclada con líquido, por eso solo le provocó algunas quemaduras que se observaron con facilidad a pesar de que hubieran pasado seis meses entre el asesinato y el hallazgo del cuerpo.
Algunos agravantes
Beatriu mandó excavar la zanja en la que luego enterraría a su marido con la excusa de querer tener una fosa séptica. La persona a la que contrató para ello le advirtió del elevado coste que tendría por el mero desplazamiento de la maquinaria hasta el lugar, pero Beatriu aseguró que eso no le importaba.
Además, unos días después de haber acabado con la vida de Isaac, su hijo se hizo pasar por él para llamar al banco y que pudieran así vaciar sus cuentas.
Respeto al mensaje que se envía desde el terminal de la víctima asegurando que se ha marchado de la ciudad y que quiere acabar con su vida, Beatriu cuenta que lo hizo para despistar en la investigación pero que había sido idea del propio Isaac proceder así para que ella pudiera seguir cobrando su pensión.
La Fiscalía pide para Beatriu la cadena perpetua revisable por haber cometido un asesinato hacia una persona especialmente vulnerable que carecía de posibilidad de defenderse, mientras que el abogado de la acusada pretende que se solo se le acuse de un delito de asistencia al suicidio, por el que solo tendría que cumplir una condena de dos años.
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