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Kimberly Quiroz, operadora náutica: “A los hombres les suele costar menos dejar atrás el hogar”

Kimberly Quiroz, operadora náutica en el CSMART

Kimberly Quiroz, operadora náutica en el CSMART / Susana C. Gómez (Almere (Países Bajos))

Como en el resto de las carreras científico-técnicas, las llamadas STEM, también en la náutica la presencia de las mujeres es minoritaria, por no decir casi simbólica. En el cómputo global del sector de los cruceros, las mujeres oficiales apenas llegan al 1,5%, y la cifra es aún menor en el caso de los oficiales de ingeniería.

Lejos quedan (por suerte) los tiempos en los que las mujeres no podían embarcar en buques militares o de carga (en unos casos, porque podrían distraer a la tripulación; en otros, porque se consideraba imán de mala suerte) y las únicas siluetas femeninas permitidas en alta mar eran las de los mascarones de proa.

Con el tiempo y la apertura tanto de la carrera militar como de la civil a las mujeres el panorama ha ido cambiando, pero muy lentamente.

"Un mundo difícil”

Para trabajar como oficial en un crucero hay que cursar el Grado en Náutica y Transporte Marítimo (para ser oficial de puente) o Ingeniería Marina (para los oficiales de ingeniería), con las correspondientes prácticas.

Tras ello, se debe obtener el Certificado de Competencia STCW, los cursos de especialización necesarios y pasar exámenes médicos y obtener las licencias correspondientes. A partir de ahí, comienza el trabajo de verdad, con turnos intempestivos y largos periodos en el mar.

“Es un mundo difícil”, explica la operadora náutica Kimberly Quiroz, instructora en el CSMART, “son rotaciones de cuatro meses a bordo y después dos en tierra... es complicado”. A pesar de que su marido es ingeniero y trabajaba en el mismo barco, esta operadora náutica decidió, tras unos años embarcada, asentarse en el centro de formación de Carnival Corporation & plc Group en Almere.

Asegura que poco a poco se van incorporando más mujeres a esta profesión (el grupo Carnival cuenta con una de las pocas capitanas de crucero del mundo), pero recuerda que cuando estudió la carrera apenas tenía un puñado de compañeras y que coincidió con muy pocas a bordo, donde era frecuente ser la única mujer en el puente.

“A los hombres les suele costar menos dejar atrás el hogar”, admite esta panameña que llegó al mar casi por casualidad.

El Canal de Panamá

“No tenía muy claro qué carrera escoger cuando llegó la hora de ir a la universidad. Un día un amigo de mi padre, que trabajaba como piloto en el Canal de Panamá, me llevó a ver cómo pasaba los barcos por el Canal. Y a partir de ahí”, recuerda.

Después de eso llegaron los cuatro años de formación universitaria, que combinó con un año de cadete en un buque escuela. “Es imprescindible, para que cuando empieces a trabajar estés familiarizado con todo; es un trabajo en el que no te puedes permitir errores”.

Rodeados de pantallas, gráficos e indicadores en uno de los simuladores de navegación del CSMART de Almere, preguntamos a Quiroz qué tipo de materias se estudian en la carrera de Náutica.

Hay mucha aridez técnica y científica, como es lógico bien entrado ya el siglo XXI, pero, para consuelo de los románticos, se mira también más allá de las pantallas: se sigue enseñando a navegar con las estrellas.

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