TV-Comunicación

"Somos las Super Drags y venirnos a follarnos lo que haga falta"

  • Netflix estrena su nueva e irreverente serie animada que aspira a ser una referencia en la defensa de los derechos de la comunidad LGTB.

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"¿Es un hombre? ¿Es una mujer? ¡No, son las Super Drags!". Sí, son ellas, las tres heroínas de la transgresora serie de animación de Netflix que pretende defender a su manera los derechos del colectivo LGTB.

El argumento de Super Drags no va más allá del de cualquier historia de superhéroes. Unos protagonistas, Patrick, Donny y Ramón, compañeros de trabajo y alejados de la figura del héroe en su vida normal, que dejan la rutina de lado para hacer justicia con sus álter egos, las divas Saphira, Lemon y Scarlet. Y lo justo en este caso es luchar por la igualdad y contra los villanos que quieren "robarles el brillo": Lady Elsa, una antigua diva la música que planea apropiarse del "arcoiris de todos los maricas"; y el político homófobo Sandoval.

La serie, de origen brasileño, es obra de Anderson Mahaski, Fernando Mendoza y Paulo Lescaut. Viene a dar continuidad a los buenos resultados cosechados por la plataforma entre el público gay con la emisión internacional de RuPaul’s Drag Race, el concurso estadounidense de drags queens.

Los personajes, sin travestir. Los personajes, sin travestir.

Los personajes, sin travestir. / Netflix

Super Drags se estrenó el 9 de noviembre, curiosamente poco después de que Jair Bolsonaro, poco amigo de la comunidad LGTB, saliera vencedor de las elecciones brasileñas. Coincide también con la muerte de Stan Lee, el creador de superhérores por excelencia.

Con claras referencias de series como Los Ángeles de Charlie Las Supernenas, la arriesgada apuesta de Netflix recurre a un humor sin censuras a lo Padre de familia, una fórmula que la ha puesto rápidamente en la picota. Muestra de su descaro son frases como "Somos las Super Drags y venimos a follarnos lo que haga falta" o personajes como el robot  Dild-O, una especie de R2D2 con forma de vibrador que a veces consuela a su jefa, la Vedete Chamnpagne. El orgullo tira de irreverencia para seguir reivindicándose. 

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