Aperitivo ecuestre de lujo en Bilbao

Hermoso, Ventura, el más solvente, y Hernández consiguen un trofeo cada uno en la primera de las Corridas Generales, marcada por la seriedad · El caballo 'Cairel', herido en la pata derecha

Momento de la aparatosa cogida de 'Cairel' y Leonardo Hernández por el tercer toro de la tarde en la plaza de Bilbao.
Luis Nieto

21 de agosto 2011 - 01:00

GANADERÍA: Corrida de Ángel Sánchez y Sánchez, de juego desigual, en la que afloraron las dificultades. TOREROS: Pablo Hermoso de Mendoza, rejón (saludos). En el cuarto, pinchazo y rejón (oreja). Diego Ventura, rejón y tres descabellos (saludos). En el quinto, rejón (oreja con fuerte petición de la segunda). Leonardo Hernández, pinchazo y rejón (silencio). En el sexto, rejón (oreja). INCIDENCIAS: Plaza de toros de Bilbao. Casi lleno. El caballo Cairel, de Hernández, fue herido por el tercer toro en la axila derecha.

Las Corridas Generales de Bilbao 2011 comenzaron con un festejo del arte del rejoneo que se preveía apasionante, al contar con tres jinetes en la cúspide: Pablo Hermoso de Mendoza, Diego Ventura y Leonardo Hernández, quienes consiguieron un trofeo. Si bien, independientemente de las orejas concedidas, el espectáculo no defraudó. La terna se enfrentó a una corrida de Ángel Sánchez y Sánchez, de juego desigual, en la que afloraron por momentos las dificultades. La corrida, lejos de un clamor festivo y de público fácil que suele acudir a este tipo de festejos, estuvo marcada por la seriedad.

Hermoso de Mendoza se la jugó con el que abrió plaza, un animal que embestía rebrincado y que a mitad de faena se paró y midió mucho. El torero navarro, sin acierto al clavar en los rejones de castigo, consiguió el mejor pasaje a lomos de Chenel, con el que calentó al público vasco toreando de costado. Cosechó más palmas con las cortas. Y mató con un único rejón de muerte. Como resultado, una fuerte ovación.

Con el reservón cuarto, Hermoso volvió a entregarse en una labor en la que falló con el primer rejón. Destacó en un palo al quiebro y dentro de la exposición fue cogida una de sus cabalgaduras; afortunadamente, sin caer herida. Con Ícaro bordó el toreo. El caballo, con una flexibilidad de manos y de cuello extraordinarias, parecía un diestro muleteando, metiendo el mentón en el pecho. No faltaron de nuevo las banderillas cortas, con un meritorio par a dos manos, en el que el toro esperó peligrosamente en la suerte. Pese a un pinchazo previo al rejón, la faena fue premiada con una oreja.

Diego Ventura, que se presentaba en la plaza de Bilbao, perdió un triunfo mayor por el acero. Pero le ganó la partida al navarro, que jugaba casi en casa. En su primero, violento, apostó fuerte. Tan fuerte, que en el primer rejón, el toro le saltó a la grupa de su caballo. Luego, en banderillas, hizo las delicias del público con Nazarí, con el que toreó a dos pistas entre fuertes ovaciones. Aunque el toro le cortaba el viaje, el sevillano clavó un meritorio par a dos manos. El público estaba a punto de hacer volar sus pañuelos para la petición de trofeos. Pero el astado no caía. Y Ventura, muleta y verduguillo en mano, perdió premio debido a que no acertó hasta el tercer intento de descabello.

Con el quinto, un toro manejable, aunque con ciertas complicaciones y a menos, Ventura salió de nuevo a la carga. Impresionó al clavar en un quiebro, esperando mucho. Con Morante se metió al público en el bolsillo. El caballo llegó a dar un mordisco en el mismo testuz al toro. Y, en lo que fue un festejo accidentado, Ventura recibió un hachazo en la mejilla izquierda cuando intentaba adornarse con la suerte del teléfono. Mató de rejón y ahora si fue premiado con una oreja, aunque una parte importante del público solicitó las dos.

Leonardo Hernández se salvó milagrosamente de un percance muy serio. El pacense se había lucido en un primer rejón de castigo de poder a poder. En el segundo, en otro de frente, el toro se le cruzó y corneó a Cairel en la axila derecha. Hernández voló de manera aparatosa por el impacto y cayó de latiguillo. Caballo y jinete se libraron de milagro tras otro arreón del astado, que a punto estuvo de alcanzar en el cuello al equino. De inmediato saltaron los compañeros en su auxilio y Ventura consiguió parar a Cairel, que corría desorientado por la plaza. El precioso tordo fue operado de urgencia. Hernández continuó la lidia con otros caballos, sufriendo en otro lance al quiebro, otra cogida; si bien en esta ocasión sin consecuencias. La labor fue silenciada y el torero abandonó el ruedo en busca de su caballo herido.

Hernández consiguió empatar a un trofeo con sus compañeros en el último acto del entretenido festejo de rejones. El toro, mansote, pero noblón, le permitió pisar otros terrenos con mayor seguridad. Se lució con Verdi en banderillas y con Quieto levantó pasiones cuando apostó por la espectacularidad en unas pasadas veloces y piruetas en la misma cara del toro; así como la suerte del violín. Mató al primer envite.

El comienzo de la feria bilbaína, muy entretenido, fue por momentos un espectáculo más serio de lo habitual en el toreo a caballo por las exigencias del ganado. Sin duda, para el público, que salió satisfecho, la corrida del arte del rejoneo con tres máximas figuras del escalafón, supuso un aperitivo ecuestre de lujo.

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