Un envoltorio de lujo para una corrida vacía

El Fandi sale a hombros tras cortar dos orejas en una corrida de mal juego de Jaralta en la que El Juli se enfrentó a un lote imposible mientras que Enrique Ponce anduvo errático y sin encontrar su sitio.

Francisco J. Domínguez

24 de septiembre 2011 - 01:00

GANADERÍA: Seis toros de Jaralta aceptables de presencia, mansos y muy bajos de raza en líneas generales. El mejor, por noble, el cuarto. TOREROS: Enrique Ponce, pinchazo hondo y tres descabellos (ovación) y tres pinchazos y aviso (ovación). Julián López 'El Juli', dos pinchazos y estocada tendida (ovación) y estocada (oreja). David Fandila 'El Fandi', estocada y un descabello (oreja) y estocada atravesada y descabello (oreja). INCIDENCIAS: Plaza de toros de Pozoblanco, primera corrida de la Feria de Las Mercedes. Casi lleno en tarde de agradable temperatura pero en la que molestó el viento por momentos.

Ni la corrida sirvió ni los toreros apretaron el acelerador. Vaya por delante que los diestros tuvieron poco material, pero ellos anduvieron aliviados toda la tarde. Es la verdad. Ponce estuvo a medias toda la corrida y con el que quizá fuera el toro más potable de la corrida no apretó como sabe hacerlo y realizó una faena de cara a la galería, sin compromiso. Su faena tipo de muchos pases y poca emoción. El Juli se salva de la quema porque su lote fue el más complicado y El Fandi no lució ni en banderillas. Mucho alarde, mucho salto al callejón pero poco ajuste. El sexto toro ni me atrevo a valorarlo porque ni siquiera se vio en manos del granadino. Todo este compendio hace que la corrida de ayer en Pozoblanco pase a la historia como una suma de elementos ficticios y sin emoción. Y eso que el ambiente era de gala. La plaza casi se llenó y hacía una tarde de toros en la que sólo incomodaba, y a rachas, el viento, pero conforme fue avanzando el espectáculo los aficionados veían cómo las figuras hacen un papel de serie b en este tipo de plazas. Se alivian de forma mayúscula, y si encima les sale una corrida desrazada y falta de casta pues ya es el remate. Porque la corrida de Jaralta tuvo muy poca casta y salieron al menos dos toros rajados desde que saltaron al ruedo.

Ponce intentó sobar al primero de su lote pero era un toro sosísimo que, aunque manejable, apenas tenía fijeza y transmisión. La pulcritud del torero es lo único a destacar en un trasteo escaso en contenido y sin interés porque el de Jaralta era el colmo de la sosería. Luego, con el segundo de su lote, cuarto de lidia ordinaria, Ponce anduvo en plan pegapases y no se ajustó lo más mínimo. El toro tenía recorrido, nobleza y cierta calidad en la embestida, pero Ponce sabía hasta dónde tenía que llegar para satisfacer al benévolo público pozoalbense y así lo hizo. Por momentos vulgar, el diestro de Chiva realizó un trasteo de bajo coste con un toro que quizá era el más potable de todo el encierro, con la salvedad del sexto, que no se vio, como decía, por la incapacidad manifiesta de El Fandi para pasarse al toro con verdad, como mandan los cánones. Ponce, por tanto, a un nivel bajo y pésimo con la espada.

El Juli había recogido el trofeo como triunfador de la Feria del año pasado por la mañana y quizá se contagio del ambiente que llevaban Ponce y El Fandi porque tampoco se salvó de los desajustes constantes. El Juli es un gran profesional y aunque su lote le disculpa tampoco apostó lo suficiente con el quinto, pues el segundo se rajó muy pronto. Estuvo dispuesto y medio vistió aquello a base de desplantes, pero toreo del de verdad poco o nada. Cortó una oreja al segundo de su lote tras una gran estocada que quizá fuera lo más puro de toda la tarde.

Antes de que saliera El Fandi a matar su primer toro, Ponce le dijo "venga David caliéntanos esto". Y qué razón tenía el maestro. El Fandi es un torero que pega una larga cambiada y salta tres veces la barrera y corta una oreja. Con eso sólo arma un alboroto. Que no cuadra en la cara para clavar los palos, pues no pasa nada. Se va corriendo pone el pie en el estribo y se tira al callejón como un lince ibérico. Eso y cuatro mantazos y ya tiene la oreja. Porque luego las faenas son un dechado de mala colocación, de desajustes… de los toros rajados. El tercero fue uno más de la corrida y poco pudo hacer el granadino, pero el sexto tuvo cierto recorrido y nobleza en la embestida. Pues les digo que Fandi no se comprometió en ningún muletazo. Se limitó a pegar pases sin aire y con los pies movidos. Si en vez de ser Fandila hubiera sido un torero desconocido o un novillero le hubieran caído unos pitos de escándalo. Mal Fandi, también en la líneas de faenas de pueblo de sus dos compañeros. Y lo más sorprendente es que salió a hombros porque la gente le pidió las orejas sin que el torero hubiera pegado un solo muletazo de calidad. De las banderillas tampoco hay mucho que apuntar porque no cuadró en la cara ni una sola vez. Todo lo dicho demuestra por tanto que las figuras dan un envoltorio de lujo a un espectáculo vacio y sin emoción, sin verdad. Sólo las ganas de diversión y de triunfo hacen que un torero pueda salir a hombros de una plaza como la de Pozoblanco. Es por ello que a veces, aunque el público apriete, haya que aguantar un poquito más el pañuelo, y así las figuras vienen como vienen, con mucho celofán y mucho lujo pero sin ganas de ponerle el necesario condimento de la emoción a la corrida.

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