Salir de viaje: Lisboa en cinco versiones
El terremoto de 1755 ha marcado la historia de la capital portuguesa, en cuya decadencia radica su encanto. Cultura, gastronomía y ocio, distintas formas de descubrir la ciudad.
Tierra, agua y fuego. La historia de Lisboa está marcada por la confabulación de estos tres elementos. Un terremoto destruyó en 1755 gran parte de la capital portuguesa, en la desembocadura del río Tajo, desastre que agravó un posterior maremoto y un incendio que arrasó la ciudad durante seis días. Este hecho paró el tiempo y puso el marcador de nuevo a cero.
Pocos son los edificios y monumentos anteriores al siglo XVIII, especialmente en la Baixa. La ciudad fue reconstruida según los planes del marqués de Pombal, un estilo urbanístico que aún perdura, ofreciendo la ciudad hoy una imagen diferente a la de cualquier capital europea, en cuya decadencia radica su encanto.
Lisboa monumental
Un total de siete colinas rodean la zona vieja de la capital portuguesa, que recorre el tradicional Tranvía 28. Desde Estrela hasta Graça, pasando por Barrio Alto, Chiado, Baixa y Castelo. Es interesante subir al mítico transporte y mezclarse entre los propios vecinos, aunque se recomienda tener especial cuidado con los bolsos y carteras.
Estas colinas hacen que en la ciudad proliferen las cuestas, de ahí la construcción de elevadores a partir del siglo XIX. En total existen siete, siendo el de Santa Justa es más conocido.
En el barrio Castelo se encuentra el castillo de San Jorge (aunque la mayor parte fue destruida tras el terremoto, aún quedan algunos muros originales del siglo XII). Hoy es una zona residencial de calles estrechas con viviendas de renta antigua y comercios donde se mezcla la tradición con la cultura gourmet, como la cafetería Tranvía 28.
En la misma zona se halla la Plaza Puerta del Sol, custodiada por San Vicente, patrón de Lisboa. Desde su mirador se ven a lo lejos el monasterio de San Vicente de Fora y el Panteón Nacional, donde están enterrados varios presidentes del país y Amália Rodrigues, importante cantante de fado.
Ya en la plaza del Comercio, una explanada abierta al Tajo, se encuentra el Arco Triunfal de Lisboa. Abierto al público desde el pasado mes de agosto, desde su último piso se aprecian unas vistas únicas de la Baixa y la Plaza del Comercio, que en los últimos años ha sufrido una reconversión con nuevas terrazas y bares.
Uno de los monumentos más llamativos de la ciudad es el Monasterio de los Jerónimos, en Belém, un edificio del siglo XVI; así como la Torre de Belém, una construcción militar a orillas del río. Ambos son Patrimonio Mundial de la Unesco.
En la misma zona, mirando al inmenso Tajo, se encuentra el Monumento a los Descubrimientos, levantado en 1960 para conmemorar los 500 años del infante Henrique, promotor de los descubrimientos portugueses.
Lisboa en familia
La Expo'98 trajo consigo un nuevo y moderno espacio urbanístico, el Parque de las Naciones. Aquí se celebró la exposición universal y, lejos de caer en el olvido, la zona fue reorganizada tras la celebración del evento, albergando tanto residencias como importantes atracciones como el Casino de Lisboa, el Pabellón Atlántico, la estación de Oriente -con firma de Calatrava- y el oceanográfico de Lisboa, de Peter Chermayeff, el segundo acuario más grande de Europa.
Si se viaja con niños, el oceanográfico puede ser una buena alternativa (existen entradas familiares con descuentos). Aquí conviven más de 15.000 seres vivos de más de 450 especies diferentes. El edificio tiene dos plantas y todo gira alrededor de un gran acuario central, quizás lo más llamativo del centro, donde habitan en sintonía tiburones, rayas, mantas y peces tropicales, entre otras especies.
El Lisboa Story Centre es otra lugar al que se puede ir con niños. Se trata de un museo interactivo sobre la evolución de la ciudad a lo largo de los siglos, que se encuentra en la Plaza del Comercio.
Lisboa deportiva
El próximo sábado 28 de diciembre la carrera popular São Silvestre de Lisboa celebra su sexto aniversario. La avenida da Liberdade será el punto de encuentro de todos los que deseen participar en esta prueba de 10 kilómetros.
Para los que no se sientan capacitados de recorrer esta distancia, la organización ofrece la posibilidad de correr una ruta de cinco kilómetros, la Mini São Silvestre, que recorrerá diferentes puntos del centro de la capital, como Cais do Sodré, el Terreiro do Paço y Rossio. También está prevista una versión especial para niños de 5 a 11 años, la Europcar São Silvestre.
De compras por Lisboa
La rue Augusta es la calle comercial por excelencia, al igual que la zona de Chiado, especialmente la rue Garrett. Las firmas más conocidas de ropa (incluso españolas) se mezclan con las boutiques portuguesas y tiendas de productos autóctonos, como Bella Vista, especializada en cerámica y cristal.
Si se busca un toque más bohemio, es una buena idea pasear por el barrio Príncipe Real, lo más trendy en este momento, con muchas tiendas de productos artesanales y boutiques de prendas vanguardistas.
Por otro lado, de camino a la Baixa desde Alfama coexisten una serie de tiendas de objetos típicos de Portugal, así como productos gastronómicos, especialmente vinos y conservas. Es el caso de Loja PortugueZa (rua da Graça y ruados Fanqueiros,) y la mítica Conserveira de Lisboa (en la ruados Bacalhoeiros), una casa fundada en 1930, donde el cliente puede ver cómo envuelven en papel manualmente las latas de conservas. En este tradicional negocio, con estanterías de madera repletas de latas como única decoración, se puede comprar cualquier tipo de conservas, desde caballas al orégano hasta sardinas en tomate picante y bacalao macerado de diferentes formas.
También pueden hallarse productos de la zona en la tienda Silva & Feyóo (ruados Bacalhoeiros). Además de vinos y conservas, se pueden adquirir curiosos objetos y juguetes infantiles de madera. Si uno busca regalos originales, aquí se vende una maceta un tanto especial. Se trata del producto My little garden, donde las semillas de plantas aromáticas crecen en botellas de vidrio (18 y 30 euros, según el tamaño).
Otra opción para adquirir productos gastronómicos de la zona, sobre todo chacina, queso y miel, es un mercadillo al final de la ruaAugusta que abre todos los viernes y sábado.
Con buen paladar por Lisboa
Alfama es una zona popular del centro de la capital que, al no haber sido destruida por el terremoto, mantiene su planta urbana original, con calles estrechas y laberínticas. Entre sus casas antiguas, con fachadas recubiertas de azulejos, sorprende Pois Café (ruaSão João da Praça), un bar-cafetería de corte moderno inmerso en un antiguo edificio, con bóveda de piedra incluida, con un mobiliario original y familiar. Aquí, el cliente puede tanto tomar café como leer uno de los libros de sus estanterías y comer ensaladas, pastas y sándwiches.
Más clásico es el Café A Brasileira, en Chiado, una de las más antiguas y famosas cafeterías en el casco viejo de Lisboa. En los años 60 y 70, éste fue el refugio favorito de los intelectuales y académicos de la época, entre ellos el poeta portugués Fernando Pessoa, inmortalizado con una estatua de bronce.
Pero, lo que no puede fallar es una visita a la Antiga Confeitaria de Belém, para una merecida degustación de la pastelería de Lisboa, concretamente de los famosos pasteles de Belém, cuya receta sólo conocen tres personas.
Muy distinto es el Barrio Alto, donde proliferan los pubs nocturnos, así como los restaurantes con espectáculos de fado, como por ejemplo O Faia (rua da Barroca), con una carta especializada en platos portugueses. Pero si se desea un cóctel tranquilo a media tarde o a primera hora de la noche, la terraza del Hotel Bairro Alto, en la plaza Luis de Camões, es una buena opción, con unas vistas únicas y espectaculares del Tajo.
Terraza, cafetería y dos restaurantes distintos para elegir es la oferta del Altis Belém Hotel & SPA, en el mismo muelle del Bom Sucesso. La fusión de sabores y recetas, tanto tradicionales como innovadores, marcan su carta. Sin embargo, si se quiere probar algunos bocados de la cocina mozambiqueña y portuguesa (la cocina local está muy influenciada por las antiguas colonias, sobre todo en el uso de especias), la mejor elección es el restaurante Zambeze, a los pies del castillo de San Jorge. Una forma diferente de descubrir la capital lusa.
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