La salvación hecha ensalada

Un estudio realizado por La Nevera Roja asegura que a los sevillanos les gusta alimentarse de forma saludable

La salvación hecha ensalada
Pilar Larrondo

11 de julio 2016 - 01:00

Puestos a preocuparse por algo en la vida, al sevillano lo que le quita el sueño -si es que las altas temperaturas le permiten pegar ojo- es mantener una alimentación saludable. Será por la dieta mediterránea, por el coraje a todo lo que evoque a a mundo yanqui-cuánto daño han hecho las hamburguesas- o por lo bueno que está un tomate de Los Palacios, el caso es que los sevillanos tienen grabado a fuego eso de llevar una alimentación saludable. Y no lo dice alguien que se limita a observar a los individuos pedirse sus tapas en la barra de un bar, lo afirma la plataforma La Nevera Roja, que asegura que "en la provincia se ha registrado un aumento considerable de comida saludable en los últimos meses". Se ve que el sevillano se cuida, pero que eso de meterse en la cocina como que no le termina de convencer.

Después de estar alertados por los medios de comunicación sobre la obesidad, cada vez más extendida entre la población, y otros problemas que puede acarrear no tener precauciones con lo que se come, los ciudadanos han mirado al miedo a los ojos y han decidido enfrentarse a las grasas saturadas con su mejor arma: las frutas y verduras. Por eso, cuando llegan a casa después de un largo día de trabajo, en lugar de recurrir a la resolutiva pizza de microondas, prefieren llamar al repartidor y que éste les lleve a casa un suculento bol de ensalada. Lechuga, tomate, zanahoria, atún, huevo duro, un par de espárragos y ya está lista la cena del sevillano preocupado por su salud. Aunque éste sabe que, a pesar de la variedad, su saludable ensalada lo dejará con hambre y, como para él menos no es más, vuelve a llamar a su repartidor para que haga alguna que otra variación en el menú.

La ensalada, que es como el negro a la ropa, la mar de agradecido, acepta que sobre ella se viertan todo tipo de alimentos. El sevillano preocupado por su salud pero arrastrando hambre desde no recuerda cuándo se viene arriba y comienza a añadir ingredientes. Unas salchichas troceadas, un poco de salmón, algo de pasta fresca, piña picada, maíz, cuarto y mitad de chóped, palitos de cangrejo, sirope de caramelo, tres rodajas de chorizo, medio chuletón de buey y una pizca de azúcar glass, por aquello de mezclar texturas y sabores. Listo. El sevillano preocupado por su alimentación ya tiene preparada su ensalada saludable. Para completar su dieta, una pieza de fruta, con algo de leche condensada o un poco de nata, que ayude a que el cuerpo absorba de manera correcta todos los nutrientes. Aunque, según la plataforma La Nevera Roja a los sevillanos todavía les cuesta renunciar a platos como las pizzas o los kebabs a la hora de pedir comida a domicilio. Esto último -jamás de los jamases será culpa de la ensalada- puede ayudar que el resto de España descubra por qué el sevillano, a pesar de llevar una dieta en la que su salud es lo primordial -a la vista está después de la preparación de la ensalada- aumente de peso entre dos y tres kilos durante los meses de verano.

Según el Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Andalucía (Codinan) la época estival lleva al individuo a un estado de relajación tan grande que a veces olvida cuidar su alimentación -la saludable ensalada empieza a sufrir un destierro- y, después de haber recurrido a mil y una dietas milagro, ve cómo su cuerpo empieza a coger un kilo detrás de otro. Dejar la ensalada y dedicarse a la vida contemplativa tiene sus consecuencias. La lucha contra las grasas saturadas se pierde después de tanto esfuerzo y empieza a crecer el incómodo michelín que se ha mantenido a raya durante nueve duros meses a base de ensalada. Pero no importa. El sevillano preocupado por su salud, más que por tener un cuerpo escultural, sabe que, en cuanto vuelva a recuperar su alimentación a base de ensaladas, las grasas saturadas no querrán vivir en su cuerpo y en lugar de éstas por sus venas sólo correrán vitaminas, aminoácidos, omega tres y calcio a punta pala para que la masa ósea tampoco se vea resentida. Acabará el verano y el sevillano volverá a llegar a casa con más hambre que después de hacer Ramadán, se sentará en su sofá y, después de que lo invada una pereza que paralice todo su cuerpo, llamará a su amigo el repartidor y volverá a pedirle su saludable ensalada. Pero esta vez cambiará las rodajas de chorizo por unas poquitas de patatas fritas -por meter algún tubérculo-, que después de haberse relajado con la alimentación hay que hacer un poco de dieta depurativa.

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