Crítica de Música

Barroco sin color ni retórica

Según consta en la web del Femàs, el Pirineus Ensemble es un grupo facticio, no estable, formado exclusivamente en el s eno del Festival de Música Antigua de los Pirineos para abordar este programa. Y hay que señalar que se nota el que no se trate de un conjunto acostumbrado a tocar juntos habitualmente a la vista de los resultados constatables tras el concierto de ayer, probablemente el más flojo de lo que va de festival.

Al grupo le falta solidez en el sonido, en la búsqueda de una personalidad tímbrica propia más allá de la suma de los elementos individuales. La disparidad de sonidos redunda en una clara falta de empaste que da la sensación de dispersión de colores y de timbres. Además, cuestiones como homogeneidad en la articulación y en la intensidad del fraseo estuvieron ausentes en la mayor parte del recital.

El violín solista y director del conjunto, Joan Espina, mostró una interesante faceta como ornamentador desde el primer tiempo de la sonata de Haendel y lo volvería a exhibir en los cuatro famosos conciertos vivaldianos, con imaginación y variedad de recursos ornamentales. Pero, por otra parte, ello venía acompañado de un sonido en su mayor parte metálico, con momentos de estridentes colores, afinación dudosa y ausencia de brillo. En momentos de diálogo con el violonchelo de Guillermo Turina (segundo tiempo del concerto grosso de Haendel) quedaba en evidencia la diferencia de definición y redondez de ambos sonidos, en beneficio de Turina quien, por otra parte, tampoco era secundado en igualdad de prestaciones por el otro violonchelo.

En los famosos conciertos descriptivos de Vivaldi el grupo se quedó a mucha distancia de saber expresar mediante el fraseo toda la variedad de efectos miméticos que la obra permite, desperdiciando la posibilidad de jugar con las dinámicas, los efectos de eco y los colores instrumentales al margen de las puras notas.

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