jorge Benavides Solís

En el Alcázar de Sevilla

El autor repasa en el artículo la evolución del histórico palacio.

EL lunes 5 de julio, junto con eruditos amigos, he tenido la suerte de visitar el Alcázar para ver in situ el proyecto de obras que se ejecutarán para facilitar el acceso de los turistas. Vayan algunas consideraciones previas al respecto.

Solamente los edificios de culto que Aldo Rossi llamó "elementos primarios" de la forma urbana no cambian de uso, sin embargo, pocos se mantienen tal como fueron construidos porque necesitaron decenas de años, cuando no siglos, para ser terminados. Los que vemos ahora con frecuencia se levantaron sobre ruinas anteriores con gusto gótico, luego recibieron huellas renacentistas, barrocas, neoclásicas y hasta modernas cuando las catástrofes naturales o las necesidades así lo determinaron.

Es lo que podemos apreciar en la Catedral, uno de los tres extraordinarios edificios que son Patrimonio de la Humanidad, y no solamente de España, construida donde estuvo la segunda mezquita mayor de la cual quedan algunos muros, la Giralda y el Patio de Naranjos. Como en el Alcázar, también aquí se ven largas colas de visitantes.

El Archivo de Indias desde el principio ha mantenido inmutable su forma herreriana y su contenido, pues aquí reposan los documentos de la historia que cambió radicalmente el mundo: la llegada de los españoles a América, su conquista y su colonización.

El restante edificio protegido por la Unesco es el Alcázar. En el Patio de Banderas hace un lustro se hallaron las primeras huellas de ocupación de la ciudad (siglo IX a. C.) llamada sucesivamente por los romanos Híspalis, por los godos Spali y por los musulmanes Ixbilia. En 913, el Califa Abderrahmán III an-Násir ordenó la construcción de la Dar al-Imara, nuevo recinto de gobierno en el extremo sur de la ciudad al que los abbadíes añadirán el Nuevo Alcázar. Los almorávides lo extendieron y cerraron hasta el Guadalquivir. En el siglo XII, los almohades harán las últimas obras, antes de aquellas cristianas que convertirán a este conjunto en la nueva sede real, dando así continuidad al único uso que ha tenido y tiene hasta ahora. Es un singular "elemento primario" en la forma urbana de Sevilla. Posee un valor de localización, de persistencia y de permanencia.

Este conjunto de manera constante ha sufrido continuas transformaciones según la necesidad y el gusto de las diferentes épocas. Entre otras: el Patio de las Doncellas adquirió una fisonomía renacentista, en el siglo XVI se hicieron espléndidos artesonados que mantenían la estética mudéjar. A raíz del terremoto de Lisboa, Van der Borch hizo la monumental entrada. Con la reforma del siglo XIX se perdió la original presencia del Patio de las Muñecas y se reformaron las estancias reales.

Pero este fantástico palacio está hecho con lo material y lo inaprensible; así con piedra, ladrillo, yeso, madera, agua, como también con rumor, perfume y color. Es la sofisticada fusión de naturaleza y arquitectura amasada con una exquisita sensibilidad demostrada incluso en el último siglo por Romero Murube, por Rafael Manzano y protegida con eficacia y rigor por J. M. Cabezas desde 1990 hasta 2008. El aumento de visitantes había producido un considerable superávit financiero.

Fue cuando el alcalde Monteseirín, con criterio partidista, nombró como alcaide (inexistente por innecesario desde 1931) al político Rodríguez Galindo. El actual también es otro profesional de la política, defensor de la Torre Pelli. En esta situación, se ha comenzado a improvisar la prioridad de los gastos: se ha financiado las setas, se tapó la excavación en el Patio de Banderas que hizo importantes descubrimientos y, sobre todo, se ha mirado a otro lado o se han cerrado los ojos frente a las casas del Patio de Banderas, algunas de ellas en abandono y otra en ruina, muy amplia, en la que vivió Luis Toro Buiza, delimitada por la muralla, levantada sobre importantes restos arqueológicos, con patio ajardinado y azotea. En suma, se ha dejado de la mano de Dios los inmuebles contiguos y los jardines que en vistas aéreas, en planos, en documentos históricos y con una detenida observación, permiten comprender que constituyen el entorno imprescindible del Conjunto Monumental. Según la Ley del Patrimonio Cultural, el Monumento y su entorno tienen el mismo régimen jurídico. Es una parte constitutiva. ¿Por qué no se lo ha delimitado?

Por urgencia funcional lucrativa se pretende ingresar directamente por el patio de León a las dependencias previas al Salón del Almirante. Se podría hacerlo sin polémica: obviando la pequeña construcción de entrada y poniendo un bajo cristal móvil, en dos de los tres arcos que delimitan dicho patio. Pero como hay un "proyecto en el que se ha trabajado dos años" se prefiere la polémica. Se la podría evitar si se dispusiera de un Plan Integral de Gestión para la protección y tutela del Monumento, tal como recomienda el Comité del Patrimonio de la Humanidad (Unesco). Para ello, sería urgente e indispensable delimitar el entorno, establecer la compatibilidad de usos y de actividades lucrativas o no, la capacidad de recepción de turistas, las urgencias y prioridades, establecer políticas de comunicación (publicaciones digitales, difusión), programas de mantenimiento, restauración y conservación (jardines y obras de arte), protocolos de emergencia, vinculaciones las instancias de gobierno, coordinación con todo el Conjunto de la Humanidad, etcétera.

Por más que las obras sean de poco calado, no pueden obedecer a la improvisación ni siquiera si está llena de buenas intenciones. La percepción de las proporciones de un espacio son importantes; por eso los trazados reguladores y la proporción áurea.

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