Visto y oído

Francisco / Andrés Gallardo

Morales

LOS de Telecinco, lo que mandan de verdad allí, no están nunca por la indiferencia. En la noche del viernes se obstinaron en preservar la esperada boda de Bea con abultado retraso. Si aguardaron durante más de una hora sobre el horario requeteanunciado (advermosca, incluida), para esquivar a la Eurocopa, no les tembló para nada el pulso, aunque se pitorrearan una vez más de sus consumidores. Hace tiempo que para ellos los que ven sus programas dejaron de ser espectadores, clientes o ciudadanos.

El consejero delegado del 5, Paolo Vasile, ha anunciado también esta semana una demanda contra el portal youtube por "explotación ilegal" de derechos. Como bien comentaron los de Sé lo que hicisteis de La Sexta, mosca cojonera catódica, los programas de Telecinco han estado recurriendo, y abusando, de los vídeos de youtube durante años. Pajas, con perdón, y vigas en esta moral de doble cara.

Con dobleces, La 1 estrenaba este jueves El caso Wanninkhof, anzuelo de morbo apetitoso. Al preverse las denuncias de los protagonistas reales, se cambiaron los nombres de todos los que estuvieron envueltos en esta tragedia mediática, menos el de la víctima, claro, que es el banderín de enganche para el personal.

Pedro Costa, quien produjo la excelente serie de dirección coral La huella del crimen, se encarga de esta reconstrucción maniquea y algo acartonada que se excede en dramatismo. También el caso real fue un puro exceso, donde la televisión se convirtió en el brazo armado de una investigación tramposa y precipitada. Luisa Martín, la más notable del reparto, encarna el papel de Dolores Vázquez, el chivo expiatorio de este caso mediático. Su abogado, Juanjo Puigcorbé, es el que sin embargo traza un personaje más endeble. El caso Wanninkhoff es, en fin, un kleenex oportunista.

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