Por si acaso

pablo / gutiérrez-alviz

Reservado el derecho de admisión

ALGUNOS científicos están buscando otro planeta para vivir en el futuro porque aseguran que antes o después, el sol se apagará y nos quedaremos en la Tierra sin luz. Según Victoria Meadows, se han encontrado muchos planetas fuera de nuestro sistema solar situados a la distancia de una estrella, muy similar a la que existe entre la Tierra y el Sol. Y todos los especialistas coinciden en que existe vida extraterrestre inteligente.

Para el primer contacto con los nativos de ese planeta salvador ya existe el SETI: Instituto para la Búsqueda de Vida Inteligente, con sede en Mountain View (California). Su director, Seth Shostak, pretende emitir mensajes al espacio. Luego vendrá la dificultad de descifrar las respuestas a través de los códigos o bandas numéricas correspondientes.

Lo normal es que los alienígenas, muy previsores, quieran visitarnos para comprobar si somos de fiar antes de invitarnos a convivir en su planeta. En ese caso, seguro que la ONU propone a España como país piloto y anfitrión de esos primeros visitantes, porque tenemos zonas con altas temperaturas, por si son medio lagartos, y también gozamos de una excelente gastronomía (Masterchef se ve mucho vía satélite).

Imagino al embajador extraterrestre, recién llegado la semana pasada a Pamplona, capital de Navarra, que vería con estupor cómo se izaba la bandera de la comunidad vecina al estilo de fuerza de ocupación. Y a los pocos días, leería que el presidente de la Generalidad de Cataluña pacta una lista única de independentistas para las próximas elecciones autonómicas que conducirían a la secesión de esa región en base a un presunto hecho diferencial que no es más que el uso de una de sus lenguas.

Además el alienígena, riguroso y cabal, se habría enterado de que en Grecia la dignidad consiste en no pagar las deudas e insultar a tus acreedores. Para colmo, también se alarmaría al saber que en España hay un líder chavista (Pablo Iglesias) que sigue orgulloso la línea griega.

El diplomático visitante concluiría que los terrícolas somos muy poco inteligentes y especialmente pendencieros, nada aconsejables para la convivencia.

Antes de regresar a su galaxia, mientras tomara una caña en un bar, el dueño le podría preguntar si admitirían humanos en su planeta. Y contestaría señalando un cartel:

-Nunca, nosotros también tenemos reservado el derecho de admisión.

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