Las dos orillas

josé Joaquín / león /

Sobrecostes que perdimos

TODAVÍA sigue coleando el sobrecoste de las Setas de la Encarnación. Ahora por culpa de la auditoría que quiere llevar adelante el Ayuntamiento, a ver qué ha pasado ahí para que costara el doble de lo previsto. Es sabido que el proyecto de Jürgen Mayer estaba valorado en 51 millones de euros, pero que costó más de 100. Al parecer, el segundo modificado presentado por el estudio de Mayer tuvo la culpa, ya que implicó un sobrecoste del 70%. Recuerden que estábamos en los tiempos del sobrecoste subido y que todo sobrecostaba de más. Vivíamos tiempos de vacas gordísimas.

La historia es archiconocida. El primer proyecto de los 51 millones era inviable, según se sabía desde 2007, porque los cimientos no podían sustentar la estructura de los parasoles metropoles de los goles que le metió el alemán a Montseirín. Al parecer, resultó que el diseñador había dibujado a su manera, sin tener en cuenta el detalle de que era inviable construir dichas Setas de tal modo. Circunstancia que se enmendó después, con el consiguiente pago de su importe. Entre unas cosas y otras, el gasto pasó a ser más del doble y superó los 100 millones de eurazos.

La auditoría tiene como objetivo comprobar lo que se hizo y pedir una indemnización de 4,2 millones de euros al estudio de Jürgen Mayer. Si esto prospera o no, ya se verá. El gobierno municipal de hoy, presidido por Zoido, no es el de entonces, pero es verdad que el acuerdo del sobrecoste fue aprobado en sesión plenaria. Puede ser que el caso llegue a los tribunales y tenga un amplio recorrido. Puede ser que todo se quede en un amago para la campaña electoral. Esta polémica parece eterna.

Pero la moraleja es que estamos en unos tiempos diferentes. Aquellos días de sobrecostes respondían a una filosofía de la vida. Casi toda España vivía con un sobrecoste, por encima de sus posibilidades. Los ayuntamientos no fueron una excepción, y el de Sevilla tampoco. Se gastaba con donaire y generosidad, pagando bien, a veces sin mirar a quién. Eran tiempos en los que se buscaban nombres con fama y tronío, como el Mayer de las Setas. La gente no se preocupaba por eso. A fin de cuentas, algunos ciudadanos se endeudaron al límite para pagar pisos impagables.

Todos esos detalles se obvian en el discurso castizo y resentido de nuestros días. La casta del sobrecoste no era sólo política. Era la alegría de vivir, que son dos días. Y después llegaron las consecuencias.

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