ARubalcaba le deseaban numerosos manifestantes en Madrid, el sábado pasado, que fuera a prisión, rimando con el anhelo de dimisión que se profería para Zapatero. De momento es Rubalcaba quien está mandando a la cárcel a los terroristas contra los que estaba convocada la manifestación antedicha.

Se entiende la perfecta legitimidad de las organizaciones que agrupan a las víctimas del terrorismo para expresar en la calle su voluntad de que ETA sea derrotada y que no se le deje ningún resquicio para regresar a las instituciones democráticas. Se entiende menos que las iras de muchos de los manifestantes fueran dirigidas hacia el ministro del Interior que más detenciones de terroristas está practicando.

Mariano Rajoy dijo el lunes: "Yo apoyo al Gobierno en su política antiterrorista porque creo que lo está haciendo mejor. Si pensara que está negociando con ETA no le apoyaría". Esta debe ser, supongo, la postura oficial del Partido Popular, que se proclama leal al Pacto Antiterrorista que tanto bien está haciendo al país. Pero en la manifestación marchaban, entre otros dirigentes del partido de la oposición, Cospedal, Gallardón y Trillo, el hombre que recibe de Rubalcaba información puntual de la marcha de la lucha antiterrorista. Y allí se gritó mucho más contra el Gobierno que contra ETA.

Si a Trillo y a Rajoy les consta que el Gobierno no se encuentra inmerso en proceso de negociación con ETA, sino más bien arrepentido del desastroso y lamentable que se dinamitó en Barajas, ¿a qué viene esta actitud? A la pesca electoral en todos los caladeros. Mediante su complacencia con la siembra de sospechas sobre el Gobierno, el PP trata de aglutinar tras de sí el voto del sector más duro de la derecha y de los millones de ciudadanos solidarios con las víctimas del terror; mediante su ambivalente respaldo a la política de Interior, el PP intenta ganar respetabilidad y sentido de Estado ante la gran mayoría de ciudadanos moderados y enemigos de la crispación. Todo vale para el convento. Como, además, no hay ser humano capaz de hacer hablar a Rajoy de lo que no quiere hablar, el líder del PP no se ve impelido a zanjar en público estas contradicciones. Ni éstas ni otras.

También hay otro factor que ayuda a entender las prácticas natatorias en dos aguas del Partido Popular: Rubalcaba mismo. Quizás la actitud del PP sería diferente si quien ha mandado detener más de trescientos etarras en esta legislatura, prácticamente el único ministro de Zapatero que aprueba en las encuestas, sea también el precandidato mejor colocado para suceder a Zapatero como cabeza de cartel socialista en las elecciones generales. No es el adversario que más le guste a Rajoy, ésa es la verdad.

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